LOS MARXISMOS DE CHE GUEVARA
UN ESTUDIO DESDE EUSKAL HERRIA
(PONENCIA PARA EL SEMINARIO GUEVARISTA INTERNACIONAL)
“Tenemos la necesidad imperiosa de pensar, ¡imperiosa!”
Che Guevara [1]
0.- PRESENTACIÓN
1.- EL PRIMER MARXISMO DE CHE GUEVARA
2.- HACIA EL SEGUNDO MARXISMO DE CHE
3.- ¿SALTO DE FASES E INDIGENISMO EN CHE?
4.- VIEJO Y NUEVO INTERNACIONALISMO
5.- RELACIONES ENTRE PUEBLO Y VANGUARDIA
6.- ¿HACIA UN CONSEJISMO TÍMIDO PERO ACTIVO?
7.- RESISTENCIAS DE SU PRIMER MARXISMO
8.- EDUCACION, TÉCNICA Y ¿HORIZONTALISMO?
9.- EL FANTASMA: ¿REVOLUCION PERMANENTE?
10.- CHE, TROTSKY, STALIN, LA URSS Y CHINA
11.- LOBOS, FETICHES Y LEY DEL VALOR
0.- PRESENTACIÓN:
La figura de Che Guevara va e irá siempre unida a dos instrumentos decisivos para la emancipación humana como son el libro y el fusil. Quitarle cualquiera de ellos, o los dos, es anular a Che como persona, como ser real que existió y luchó, para reducirlo a un simple pedazo de pieza o de bronce. Ya hace años que la burguesía y el reformismo se habían obsesionado por reducir a Che a un icono, a una fotografía que valía tanto para vender una camiseta como un coche, para lavar conciencias y para hacer dinero. Sin embargo Che es de esas personas revolucionarias cuyo recuerdo no puede ser destruido si no es a condición de destruir a la vez toda posibilidad revolucionaria.
Por otra parte, desde perspectivas infinitamente más coherentes, se ha defendido y actualizado a Che pero casi centrándolo en las Américas, o a lo sumo para las luchas de liberación nacional y social de los mal llamados países del “tercer mundo”. De esta manera, en los países imperialistas sigue dominando la falsificación reduccionista de Che a simple reclamo publicitario o, en el mejor de los casos, a un sueño utópico de juventud que se pasa con la edad.
La ponencia que aquí se presenta intenta actualizar a Che desde y para el proceso de liberación de un pueblo oprimido dentro mismo del centro euroimperialista, en el corazón del capitalismo europeo. Pensamos que Che tiene mucho que aportar también a las luchas en lo que denominan “centro” o “norte”, en realidad, a las luchas en el corazón, en las entrañas de la bestia imperialista. Tiene mucho que decir y enseñar a condición de que su impresionante capacidad de praxis sea criticada con el método marxista, desde y para las necesidades europeas y en concreto de las naciones oprimidas dentro de la UE, como es Euskal Herria.
Hay varias aportaciones fundamentales de Che, válidas para toda la humanidad trabajadora al margen del lugar y la cultura, que no hemos tocado por falta de espacio y porque son tan obvias y están tan insertadas ya en los mejores valores humanistas, que no merece la pena repetir cosas que han sido mejor escritas en otros textos.
1.- EL PRIMER MARXISMO DE CHE GUEVARA
En julio de 1960 Che hizo una declaración que ha dado pie a muchos comentarios: "Recientemente una de las altas personalidades de la Unión Soviética, el Viceprimer Ministro Mikoyan al brindar por la felicidad de la Revolución cubana, reconocía él --marxista de siempre--, que esto era un fenómeno que Marx no había previsto. Y acotaba entonces, que la vida enseña más, que el más sabio de los libros y que el más profundo de los pensadores"[2]. Es cierto que Mikoyan estuvo en relativo peligro cuando las purgas stalinistas, que varios de sus hijos fueron detenidos y deportados, y que él fue encargado para lanzar la primera denuncia pública contra Stalin en el XX Congreso, por lo que puede ser calificado como perteneciente al sector menos dogmático de la burocracia, a la que perteneció hasta su jubilación en 1966, ocupando altas responsabilidades como la larga negociación con Fidel Castro cuando la “crisis de los misiles”. Por esto, definir a Mikoyan como “marxista de siempre” indica una de las debilidades iniciales del marxismo de Che, que iría superando a partir de entonces, como veremos precisamente en su valoración muy crítica del XX Congreso del PCUS realizada cinco años más tarde. En 1960 Che definía como “marxista de siempre” a uno de los principales actores de un Congreso al que atacaría con especial virulencia años después, cuando disponía de más datos históricos y conocimientos teóricos.
Volviendo a Mikoyan y a los “marxistas de siempre”, no debe sorprendernos que afirmara que la revolución cubana fue un “fenómeno que Marx no había previsto”. Esta afirmación es un quíntuple error ya que, en primer lugar y siguiendo la argumentación de Gramsci, la revolución bolchevique de 1917 no sólo no fue prevista por Marx sino que, sobre todo, fue una revolución “contra El Capital” en el sentido de no haberse realizado según la tergiversación mecanicista del marxismo; en segundo lugar, no se puede reducir el marxismo a Marx, pues a partir de la segunda década del siglo XX muchos marxistas veían cada vez más posibles las revoluciones en las Américas precisamente empleando el método de Marx; en tercer lugar, eso fue posible porque el método de Marx no fue pensado para “adivinar” ni “predecir” el lugar y la hora de las revoluciones, sino las tendencias contradictorias del capitalismo y el surgimiento de eslabones débiles de la cadena imperialista, en este sentido decisivo, Marx acertó de pleno tanto en su análisis de la creciente importancia revolucionaria de Asia y de Rusia, y del auge imparable de los EEUU como potencia dominante, como en la tendencia imparable a la agudización de las contradicciones sociales; en cuarto lugar, resulta hiriente y cínico la referencia al “más sabio de los libros” cuando en la URSS de esa época existía una estricta censura que golpeaba al propio Marx y al propio Lenin, por no citar a otros muchos marxistas; y en quinto y último lugar, desde esta concepción Lenin tampoco “había previsto” la revolución rusa porque poco antes de que estallase, dio una conferencia en Suiza afirmando que él no iba a ver la revolución en Rusia.
El error de fondo de quines sostienen que las revoluciones se pueden prever con mucha exactitud radica en que ignoran la dialéctica entre la agudización de las contradicciones a largo plazo y el efecto acelerador o desacelerador de la compleja interacción de fuerzas fortuitas y azarosas, parciales, subjetivas y frecuentemente irracionales que, al interactuar entre ellas, crean coyunturas nuevas que irrumpen bruscamente en el desarrollo de las tendencias a medio y largo plazo, impulsándolas, parándolas o desviándolas. La efectividad del marxismo se confirma, además de en otras cuestiones, también en su capacidad para descubrir los momentos en los que las coyunturas se insertan en lo más profundo de los procesos sociales. El marxismo comprende que, bajo determinadas situaciones sociohistóricas, aumentan las tendencias revolucionarias y se agudizan las contradicciones sociales de fondo, pero además sabe que debe estar muy atento para captar lo más rápidamente posible la emergencia del momento crítico, de la coyuntura formada muy rápidamente por la interacción de toda serie de crisis parciales, contingencias y fortuidades, que pueden servir de detonantes de la revolución si se interviene a tiempo, adelantándose a la burguesía.
La URSS y los PCs stalinistas se sorprendieron por la revolución cubana porque ya había sido extirpado de su dogmatismo mecanicista y gradualista toda la esencia dialéctica e histórica del marxismo como método de transformación de la realidad que se va desarrollando al son del movimiento de las contradicciones del capitalismo, movimiento y contradicciones en los que el marxismo interviene activamente a su vez. Alrededor de 1926-27 por poner una fecha clave, la del hundimiento de la teoría etapista de Stalin impuesta forzosamente a los comunistas chinos, el "marxismo" stalinista ya había roto del todo con el método iniciado por Marx y Engels. Ese "marxismo" fue sorprendido una y otra vez por todos los procesos revolucionarios y por las protestas sociales dentro mismo del bloque stalinista porque no podía ya captar la dialéctica de las contradicciones mundiales. Por ejemplo, ese "marxismo" permitía "teorizar" que mientras la explotación y el malestar se multiplicaban en Cuba, hubiera ministros del gobierno del dictador Batista que a su vez eran militantes stalinistas. El "marxismo" stalinista había sido reducido a un pobre libro de citas sagradas que no tenía nada que ver con el método originario. Por eso, Mikoyan tuvo la ocurrencia de echar la culpa a Marx por no haber previsto --¿día y hora incluidos?-- la revolución cubana cuando en realidad la culpa corresponde a su corriente por haber destruido el método marxista.
En octubre de 1960 el Che escribió un texto muy importante para conocer su visión teórica:
"Es esta una Revolución singular que algunos han creído ver que no se ajusta con respecto a una de las premisas más de lo ortodoxo del movimiento revolucionario expresado por Lenin: "sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario". Convendría decir que la teoría revolucionaria, como expresión de una verdad social, está por encima de cualquier enunciado; es decir, que la Revolución puede hacerse si se interpreta correctamente la realidad histórica y se utilizan correctamente las fuerzas que intervienen en ella, aun sin conocer teoría.
En toda revolución se incorporan siempre elementos de muy distintas tendencias que, no obstante, coinciden en la acción y en los objetivos más inmediatos de ésta.
Es claro que si los dirigentes tienen, antes de la acción, un conocimiento teórico adecuado, pueden evitarse tantos errores, siempre que la teoría adoptada corresponda a la realidad.
Los actores principales de esta Revolución no tenían un criterio coherente, pero tampoco podría decirse que fueran ignorantes de los distintos conceptos que sobre la historia, la sociedad, la economía y la revolución se discuten hoy en el mundo.
El conocimiento profundo de la realidad, la relación estrecha con el pueblo, la firmeza del objetivo liberado y la experiencia de la práctica revolucionaria les dieron a sus dirigentes la oportunidad de formarse un concepto teórico más completo.
(…)
Nuestra posición cuando se nos pregunta si somos marxistas o no, es la que tendría un físico al que se le preguntara si es “newtoniano”, o un biólogo si es “pasteuriano”.
Hay verdades tan evidentes, tan incorporadas al conocimiento de los pueblos, que ya es inútil discutirlas. Se debe ser “marxista” con la misma naturalidad con que se es “newtoniano” en física, o “pasteuriano” en biología, considerando que si nuevos hechos determinan nuevos conceptos, no se quitará nunca parte de verdad a aquellos otros que hayan pasado. Tal es el caso, por ejemplo, de la relatividad “einsteiniana” o de la teoría de los “quanta” de Plank con respecto a los descubrimientos de Newton; sin embargo, eso no quita absolutamente nada de su grandeza al sabio inglés. Gracias a Newton es que pudo avanzar la física hasta los nuevos conceptos de espacio. El sabio inglés es el eslabón necesario para ello.
Los avances en la ciencia y política, como en otros campos, pertenecen a un largo proceso histórico cuyos eslabones se encadenan, se suman, se aglutinan y se perfeccionan constantemente. En el principio de los pueblos existía una matemática china, árabe o hindú; hoy las matemáticas no tienen fronteras. Dentro de su historia cabe un Pitágoras griego, un Galileo italiano, un Newton inglés, un Gauss alemán, un Lovachevki ruso, un Einstein, etc. Así en el campo de las ciencias sociales y políticas, desde Demócrito a Marx, una larga serie de pensadores fueron agregando sus investigaciones originales y acumulando un cuerpo de experiencias y de doctrinas.
El mérito de Marx es que produce de pronto en la historia del pensamiento social un cambio cualitativo; interpreta la historia, comprende su dinámica, prevé el futuro, pero, además de preverlo, donde acabaría su obligación científica, expresa un concepto revolucionario: no sólo hay que interpretar la naturaleza, es preciso transformarla. El hombre deja de ser esclavo e instrumento del medio y se convierte en arquitecto de su propio destino. En ese momento, Marx empieza a colocarse en una situación tal, que se constituye en el blanco obligado de todos los que tienen interés especial en mantener lo viejo, como antes le pasara a Demócrito, cuya obra fue quemada por el propio Platón y sus discípulos ideólogos de la aristocracia esclavista ateniense. A partir de Marx revolucionario, se establece un grupo político con ideas concretas que, apoyándose en los gigantes, Marx y Engels, y desarrollándose a través de etapas sucesivas, con personalidades como Lenin, Stalin, Mao Tse-Tung y los nuevos gobernantes soviéticos y chinos, establecen un cuerpo de doctrina y, digamos, ejemplos a seguir”
"La Revolución cubana toma a Marx donde éste dejara la ciencia para empuñar su fusil revolucionario, y lo toma allí, no por espíritu de revisión, de luchar contra lo que sigue a Marx, de revivir a Marx "puro", sino simplemente, porque hasta allí Marx, el científico, colocado fuera de la historia, estudiaba y vaticinaba. Después Marx revolucionario, dentro de la historia, lucharía. Nosotros, revolucionarios prácticos, iniciando nuestra lucha simplemente cumplíamos leyes previstas por Marx el científico, y por ese camino de rebeldía, al luchar contra la vieja estructura del poder, al apoyarnos en el pueblo para destruir esa estructura y, al tener como base de nuestra lucha la felicidad de ese pueblo, estamos simplemente ajustándonos a las predicciones del científico Marx. Es decir, y es bueno puntualizarlo una vez más, las leyes del marxismo están presentes en los acontecimientos de la Revolución cubana, independientemente de que sus líderes profesen o conozcan cabalmente, desde un punto de vista teórico, esas leyes"[3].
Lo primero que debemos decir con respecto a esta larga cita concierne a la siguiente frase: “Convendría decir que la teoría revolucionaria, como expresión de una verdad social, está por encima de cualquier enunciado; es decir, que la Revolución puede hacerse si se interpreta correctamente la realidad histórica y se utilizan correctamente las fuerzas que intervienen en ella, aun sin conocer teoría”. Es cierto que la revolución puede hacerse aun sin conocer la teoría revolucionaria, siempre y cuando se entienda por “hacer” la revolución el hecho de comenzarla, su inicio. La experiencia histórica muestra inicios revolucionarios realizados sin apenas conocimiento teórico, o con muy escaso dominio de la teoría por varias razones, fundamentalmente porque la organización revolucionaria que ha desarrollado la teoría era minoritaria entre las fuerzas sociales actuantes. Pero lo que no es cierto en absoluto es que la revolución pueda triunfar sin un dominio de la teoría que, a la vez, es una simultánea mejora de la teoría general mediante las lecciones concretas que se van aprendiendo en el mismo proceso revolucionario. Los riesgos innegables de derrota, que surgen de la distancia entre el comienzo exitoso y el desarrollo posterior, se reducen sobremanera en la medida en que se desarrolla y expande socialmente la teoría revolucionaria, cosa que Che admite y defiende explícitamente al decir que “Es claro que si los dirigentes tienen, antes de la acción, un conocimiento teórico adecuado, pueden evitarse tantos errores, siempre que la teoría adoptada corresponda a la realidad”, y más adelante: “El conocimiento profundo de la realidad, la relación estrecha con el pueblo, la firmeza del objetivo liberado y la experiencia de la práctica revolucionaria les dieron a sus dirigentes la oportunidad de formarse un concepto teórico más completo”.
Sin embargo y a pesar de estas dos últimas afirmaciones correctas, es cierto que la primera frase se resiente de una ambigüedad inquietante que nos remite a la tesis inicial: “Convendría decir que la teoría revolucionaria, como expresión de una verdad social, está por encima de cualquier enunciado”, que tiene fuertes resabios positivistas, que no alude para nada a las contradicciones sociales internas al conocimiento histórico y más aún a las ideologías sociales, y que sugiere que la teoría se desprende casi mecánica y automáticamente de la realidad social, de modo que a pesar de posibles errores de apreciación, la teoría termina por imponerse más temprano que tarde. Llevando esta tesis a su expresión lógica más acabada, los pueblos y las clases explotadas lo tendrían muy fácil: simplemente deberían dejarse llevar por los acontecimientos. En realidad, estamos ante una formulación muy cercana a la concepción mecanicista de la socialdemocracia y del stalinismo. Pero sólo cercana porque como veremos posteriormente, Che distanciará de ella hasta negarla totalmente, lo que no se lo perdonarán los dogmáticos, y una de las primeras muestras de la superación praxeológica de ese mecanicismo no marxista la encontraremos al final del párrafo que analizamos. Pero mientras tanto, su interpretación escorada hacia el positivismo la volvemos a encontrar en la siguiente frase: “Nuestra posición cuando se nos pregunta si somos marxistas o no, es la que tendría un físico al que se le preguntara si es “newtoniano”, o un biólogo si es “pasteuriano”. Hay verdades tan evidentes, tan incorporadas al conocimiento de los pueblos, que ya es inútil discutirlas”.
Che olvida, o desconoce, aquí varias cuestiones centrales del materialismo histórico, a saber, que la verdad nunca es evidente de por sí, que debe ser descubierta mediante un muy arduo trabajo práctico y teórico; que esta dificultad es mayor en las llamadas “ciencias sociales” o políticas porque en ellas actúan con una fuerza tergiversadora y falsificadora muy superior la ideología y el fetichismo; que incluso las verdades ya establecidas de la “ciencia natural” pueden ser manipuladas, negadas y olvidadas dependiendo de los contextos y circunstancias, y que en las “ciencias sociales” esa posibilidad llega a ser probabilidad con alarmante frecuencia; y, por último, que si bien es cierto que el marxismo tiene en común con la “ciencia natural” el uso riguroso de la metodología del pensamiento racional y científico-crítico --que no hay que confundir con la realidad del poder tecnocientífico capitalista--, metodología que embrionaria y empíricamente aparece ya en los albores mismos de la especie humana, siendo esto cierto, también lo es que el marxismo aplica ese método básico y objetivo --independiente, anterior y posterior a la transitoria subjetividad del humano-concreto históricamente determinado--, de una manera propia, específica y opuesta al método de las “ciencias sociales”, es decir, de la ideología burguesa, o si se quiere, de la sociología en cuanto síntesis de la ideología capitalista.
Estas consideraciones son vitales para entender la novedad ontológica del marxismo con respecto al método burgués. Novedad ontológica porque simultáneamente descubre y transforma una realidad que el método burgués niega que exista. La burguesía niega que exista la explotación y niega que el conocimiento humano sea una dialéctica permanente entre los efectos nefastos de la explotación en el proceso de conocimiento y la necesidad imperiosa de conocer la realidad para poder seguir existiendo, de modo que por esa dialéctica, existe siempre una interacción entre lo ontológico, lo epistemológico y lo axiológico, interacción sólo comprensible desde cada fase histórico-social, es decir, desde la características del modo de producción dominante y de las formaciones socioeconómicas dominantes dentro de dicho modo de producción. Partiendo de aquí, la epistemología o teoría del conocimiento y la axiología o teoría de los valores y normas, reflejan y resumen las contradicciones sociales múltiples existentes en esas épocas y, a la vez, influencian en la definición ontológica de la realidad, siempre dentro de una unidad integral, sistémica, en la que las partes tienen una mayor o menor autonomía relativa. Una característica central del método marxista es que afirma la centralidad de la praxis --del trabajo material y simbólico-- en la totalidad concreta formada por la ontología, la epistemología y la axiología.
En 1960 Che tenía una visión escindida de esta unidad praxeológica, escisión típica del “marxismo” socialdemócrata y stalinista. Leamos a Che: “El mérito de Marx es que produce de pronto en la historia del pensamiento social un cambio cualitativo; interpreta la historia, comprende su dinámica, prevé el futuro, pero, además de preverlo, donde acabaría su obligación científica, expresa un concepto revolucionario: no sólo hay que interpretar la naturaleza, es preciso transformarla”. Formalmente, es decir, desde la interpretación “marxista” esta tesis es correcta, pero desde el marxismo tal cual lo empezó a desarrollar Marx, es incorrecta en un doble y unitario sentido. Por un lado, históricamente, lo que primero dejó sentado Marx fue el contenido de praxis, de transformación radical de la realidad, y lo hizo desde sus primeros textos, antes de que desarrollara su investigación científico-crítica de la economía política burguesa descubriendo sus contradicciones, descubriendo la plusvalía, la teoría del valor-trabajo, la caída tendencial de la tasa de beneficio, etc. O sea, en el inicio marxista fue la acción aunque pensada filosóficamente con los criterios de la izquierda hegeliana, y a partir de la experiencia práctica acumulada comprendió la necesidad de avanzar en la teoría científico-crítica, avance en el que Engels tuvo un papel decisivo. Por otro lado, lógicamente, este avance sólo pudo realizarse bajo el principio de la unidad intrínseca de la transformación y del conocimiento, del conocimiento y de la transformación, o dicho de otro modo, del principio de que la transformación es a la vez conocimiento y viceversa, el conocimiento es transformación, dentro de un proceso en el que, a largo plazo, es el componente práctico-teórico, o el criterio de la práctica como decía Lenin, el que responde a las dudas surgidas por el desarrollo del componente teórico-práctico, siempre dentro de la unidad procesual.
Apreciamos más claramente los límites de Che en 1960 al respecto cuando leemos lo que sigue: "La Revolución cubana toma a Marx donde éste dejara la ciencia para empuñar su fusil revolucionario, y lo toma allí, no por espíritu de revisión, de luchar contra lo que sigue a Marx, de revivir a Marx "puro", sino simplemente, porque hasta allí Marx, el científico, colocado fuera de la historia, estudiaba y vaticinaba. Después Marx revolucionario, dentro de la historia, lucharía. Nosotros, revolucionarios prácticos, iniciando nuestra lucha simplemente cumplíamos leyes previstas por Marx el científico, y por ese camino de rebeldía, al luchar contra la vieja estructura del poder, al apoyarnos en el pueblo para destruir esa estructura y, al tener como base de nuestra lucha la felicidad de ese pueblo, estamos simplemente ajustándonos a las predicciones del científico Marx. Es decir, y es bueno puntualizarlo una vez más, las leyes del marxismo están presentes en los acontecimientos de la Revolución cubana, independientemente de que sus líderes profesen o conozcan cabalmente, desde un punto de vista teórico, esas leyes”. Según esto, y en primer lugar, existe un corte tajante entre el Marx “científico”, situado fuera de la historia y dedicado sólo a vaticinar y estudiar, y el Marx “revolucionario” el que empuña el fusil. Es obvio que esta tesis es errónea y que contradice toda la vida de Marx y de Engels, como hemos visto en una de las respuestas anteriores. Ya una de las primeras obras clásicas de Marx, en concreto las Tesis sobre Feuerbach, se cierra toda vía a la separación entre la “ciencia” y el “fusil”, entre la teoría y la práctica.
En segundo lugar, en este párrafo hay una frase de Che que puede ser interpretada como cercana al idealismo en cualquiera de sus formas: “las leyes del marxismo están presentes en los acontecimientos de la Revolución cubana, independientemente de que sus líderes profesen o conozcan cabalmente, desde un punto de vista teórico, esas leyes”. Pareciera que las “leyes marxistas” flotasen en la realidad como la Idea que, al margen de los sujetos históricos, termina plasmándose en la práctica porque “está presente” aunque no se vea. Siendo cierto que tomadas aislada y fuera de contexto, algunas obras marxistas facilitan este error interpretativo según el cual las “leyes objetivas del capitalismo” operan ciegamente a la espera de que los humanos las conozcamos y apliquemos conscientemente; siendo esto cierto, sin embargo toda la obra marxista en su conjunto desautoriza esta tesis e insiste en la naturaleza tendencial de dichas leyes.
Marx insiste en la tendencialidad en algo tan decisivo para el capitalismo como es la caída de la tasa media de beneficio, extendiéndose en el estudio de las fuerzas que actúan dialécticamente como contratendencias. Todos los análisis llamados “menores” o “históricos” o “políticos”, etc., de Marx y Engels se caracterizan por resaltar la dialéctica irrompible entre lo “objetivo” y lo “subjetivo”, explicando cómo muchas o algunas de las tendencias existentes dentro de las contradicciones “objetivas” se realizan, se desvían o se anulan gracias a la intervención de las contradicciones “subjetivas”, siempre dentro de una unidad sistémica en permanente movimiento. Si olvidamos o desconocemos la esencia tendencial de las leyes marxistas y caemos en la visión naturalista y mecanicista de las “leyes marxistas” que están dadas “objetivamente”, negamos la novedad ontológica del marxismo y lo reducimos a una simple “ciencia natural”, como la ley de la gravitación de Newton, por ejemplo, que actúa aunque la ignoremos y, en determinados casos, actúa contra nosotros mismos.
Podemos volver ahora a la afirmación de Che según la cual: “A partir de Marx revolucionario, se establece un grupo político con ideas concretas que, apoyándose en los gigantes, Marx y Engels, y desarrollándose a través de etapas sucesivas, con personalidades como Lenin, Stalin, Mao Tse-Tung y los nuevos gobernantes soviéticos y chinos, establecen un cuerpo de doctrina y, digamos, ejemplos a seguir”. Lo más probable es que en 1960 Che no hubiera estudiado apenas las críticas de otras corrientes marxistas a la URSS y en bastante menor medida a China Popular porque ésta existía desde finales de los ’40, lo que explica parte de sus contradicciones en el fundamental debate que se iniciaría al poco tiempo y que concierne a la esencia de la transición al comunismo, es decir, a qué debe hacerse con la Ley de Valor durante la transición. También en este debate Che se enfrento al dogma stalinista pero sin poder terminar de asumirlo en el pleno sentido de la teoría debido a su asesinato. Sería la práctica y la experiencia posteriores, a partir primero de sus viajes al “socialismo real” y después de sus denuncias en Argel y a favor de Vietnam, como veremos más adelante, que se sentaron las bases para una posible síntesis entre teoría y práctica, síntesis que no pudo darse porque antes murió asesinado.
2.- HACIA EL SEGUNDO MARXISMO DE CHE
Sin embargo, todavía en mayo de 1964 Che seguía sosteniendo sin ninguna duda crítica, al menos en público, el dogma stalinista de que la URSS no sólo había construido el socialismo sino que ya avanzaba al comunismo, agradeciéndole: “su magnífico ejemplo durante 46 años, en la construcción de la sociedad socialista y ahora de la sociedad comunista”[4]. Es decir, por un lado, Che asumía que la URSS se encontraba ya en socialismo y entraba en la fase de la construcción del comunismo, pero, por otro lado, afirmaba que el socialismo sólo podía avanzar con la superación y desaparición de dicha ley, que debía ser progresivamente suplantada por definitiva supremacía del plan. A lo largo de esta transición, los incentivos materiales, el dinero y la mercancía, y con ellos el mercado y su dictadura, debían desaparecer simultáneamente al proceso de extinción de la Ley del Valor, mientras aumentaban los estímulos morales, simultáneamente a la expansión y profundización del plan.
Volveremos a encontrarnos bastantes veces con este año crucial de 1964 porque supone el momento de giro en la teoría de Che, desde sus posiciones tradicionales iniciales hacia una nueva forma de ver teórica y políticamente, por una parte, la evolución interna de Cuba, el aumento de su burocratización y de los problemas en la selección de los cuadros militantes; por otra parte, la realidad imperialista mundial y cómo enfrentarse a ella; y por última, la realidad interna de la URSS y del “socialismo” tal cual entonces existía. Vamos a analizar aquí sólo dos ejemplos al respecto, porque luego, en el resto de la ponencia nos extenderemos en otros más.
El primer ejemplo en los cambios teóricos en Che nos lo ofrece su imprescindible carta a Hart Dávalos menos de dos años antes de su asesinato, el 7 de octubre de 1967:
“Dar-Es-Salaam, Tanzania (4/XII/1965)
Mi querido Secretario:
Te felicito por la oportunidad que te han dado de ser Dios; tienes 6 días para ello. Antes de que acabes y te sientes a descansar (...), quiero exponerte algunas ideíllas sobre la cultura de nuestra vanguardia y de nuestro pueblo en genera.
En este largo período de vacaciones le metí la nariz a la filosofía, cosa que hace tiempo pensaba hacer. Me encontré con la primera dificultad: en Cuba no hay nada publicado, si excluimos los ladrillos soviéticos que tienen el inconveniente de no dejarte pensar; ya que el partido lo hizo por ti y tú debes digerir. Como método, es lo más antimarxista, pero además suelen ser muy malos. La segunda, y no menos importante, fue mi desconocimiento del lenguaje filosófico (he luchado duramente con el maestro Hegel y en el primer round me dio dos caídas). Por eso hice un plan de estudio para mí que, creo, puede ser estudiado y mejorado mucho para constituir la base de una verdadera escuela de pensamiento; ya hemos hecho mucho, pero algún día tendremos también que pensar. El plan mío es de lecturas, naturalmente, pero puede adaptarse a publicaciones serias de la editora política.
Si le das un vistazo a sus publicaciones podrás ver la profusión de autores soviéticos y franceses que tiene.
Esto se debe a comodidad en la obtención de traducciones y a seguidísimo ideológico. Así no se da cultura marxista al pueblo, a lo más, divulgación marxista, lo que es necesario, si la divulgación es buena (no es este el caso), pero insuficiente.
Mi plan es este:
I Clásicos filosóficos
II Grandes dialécticos y materialistas
III Filósofos modernos
IV Clásicos de la Economía y precursores
V Marx y el pensamiento marxista
VI Construcción socialista
VII Heterodoxos y Capitalistas
VIII Polémicas
Cada serie tiene independencia con respecto a la otra y se podría desarrollar así:
I).-Se toman los clásicos conocidos ya traducidos al español, agregándose un estudio preliminar serio de un filósofo, marxista si es posible, y un amplio vocabulario explicativo. Simultáneamente, se publica un diccionario de términos filosóficos y alguna historia de la filosofía. Tal vez pudiera ser Dennyk [Guevara se refiere a Dinnyk que dirigió una historia de la filosofía en cinco tomos] y la de Hegel. La publicación podría seguir cierto orden cronológico selectivo, vale decir, comenzar por un libro o dos de los más grandes pensadores y desarrollar la serie hasta acabarla en la época moderna, retornando al pasado con otros filósofos menos importantes y aumentando volúmenes de los más representativos, etc.
II).- Aquí se puede seguir el mismo método general, haciendo recopilaciones de algunos antiguos (Hace tiempo leí un estudio en que estaban Demócrito, Heráclito y Leucipo, hecho en la Argentina).
III).- Aquí se publicarían los más representativos filósofos modernos, acompañados de estudios serios y minuciosos de gente entendida (no tiene que ser cubana) con la correspondiente crítica cuando representen los puntos de vista idealistas.
V).- [En el original aparece el N°IV tachado y rectificado como V. La propia carta luego lo explica]. Se está realizando ya, pero sin orden ninguno y faltan obras fundamentales de Marx. Aquí sería necesario publicar las obras completas de Marx y Engels, Lenin, Stalin [subrayado por el Che en el original] y otros grandes marxistas. Nadie ha leído nada de Rosa Luxemburgo, por ejemplo, quien tiene errores en su crítica de Marx (tomo III) pero murió asesinada, y el instinto del imperialismo es superior al nuestro en estos aspectos. Faltan también pensadores marxistas que luego se salieron del carril, como Kautsky y Hilfering (no se escribe así) [el Che hace referencia al marxista austríaco Rudolf Hilferding] que hicieron aportes y muchos marxistas contemporáneos, no totalmente escolásticos.
VI).- Construcción socialista. Libros que traten de problemas concretos, no sólo de los actuales gobernantes, sino del pasado, haciendo averiguaciones serias sobre los aportes de filósofos y, sobre todo, economistas o estadistas.
VII).- Aquí vendrían los grandes revisionistas (si quieren pueden poner a Jruschov), bien analizados, más profundamente que ninguno, y debía estar tu amigo Trotsky, que existió y escribió, según parece.
Además, grandes teóricos del capitalismo como Marshal, Keynes, Schumpeter, etc. También analizados a fondo con la explicación de los porqué.
VIII).- Como su nombre lo indica, éste es el más polémico, pero el pensamiento marxista avanzó así. Proudhon escribió Filosofía de la miseria y se sabe que existe por la Miseria de la filosofía. Una edición crítica puede ayudar a comprender la época y el propio desarrollo de Marx, que no estaba completo aun. Están Robertus y Dürhing en esa época y luego los revisionistas y los grandes polémicos del año 20 en la URSS, quizás los más importantes para nosotros.
Ahora
veo que me faltó uno, por lo que cambió el orden (estoy escribiendo a vuelapluma).
Sería el IV, Clásicos de la economía y precursores, donde estarían desde
Adam Smith, los fisiócratas, etc.
Es un trabajo gigantesco, pero Cuba lo merece y creo que lo pudiera intentar. No te canso más con esta cháchara. Te escribí a ti porque mi conocimiento de los actuales responsables de la orientación ideológica es pobre y, tal vez, no fuera prudente hacerlo por otras consideraciones (no sólo la del seguidísimo, que también cuenta).
Bueno, ilustre colega (por lo de filósofo), te deseo éxito.
Espero que nos veamos el séptimo día, Un abrazo a los abrazables, incluyéndome de pasada, a tu cara y belicosa amistad.
Ernesto”[5].
Lo primero que llama la atención es la voluntad de Che de volver a Hegel, estudiar a fondo la dialéctica, superar los “los ladrillos soviéticos que tienen el inconveniente de no dejarte pensar; ya que el partido lo hizo por ti y tú debes digerir”, todo esto que se plantea Che es, empero, algo típico en los marxistas cuando se enfrentan a problemas nuevos, cuando se les hunden las certidumbres anteriores y deben responder a situaciones novedosas. Marx lo hizo cuando empezó a bucear en la explotación capitalista hasta descubrir la teoría de la plusvalía. El Capital no se hubiera escrito sin su vuelta a Hegel, sin ponerlo sobre sus pies. Otro tanto hizo Engels cuando, con el apoyo permanente de Marx, se lanzó a estudiar los avances científicos de su época, mostrando cómo la naturaleza está siempre en movimiento y en acción. Labriola estudió profundamente a Hegel porque estaba en desacuerdo con le mecanicismo socialdemócrata dominante en la izquierda de finales del siglo XIX. Lenin recurrió a Hegel desde su crisis política y personal de 1914, para encontrar la coherencia dialéctica interna del imperialismo. Más tarde, Trotsky buscó ayuda en Hegel para conocer los cambios mundiales a finales de los ’30, y Mao Tse Tung elaboró sus tesis filosóficas para analizar mejor las contradicciones en China.
Che fue dándose cuenta de la necesidad de meter la nariz en la filosofía dialéctica según se le iban cayendo los dogmas que sostenía desde finales de los ’50, conforme iba viendo que la realidad siempre es más compleja, activa, móvil y multicolor que la teoría, que es gris, que tiende a pararse agotada y aterrorizada ante lo nuevo. Su frase de que “ya hemos hecho mucho, pero algún día tendremos también que pensar”, resume todo lo aquí dicho y añade algo decisivo: no se trata de detenernos, de parar el proceso revolucionario sino, a la vez que seguimos haciendo, “también” tenemos que pensar. ¿Y hasta entonces? ¿Se ha hecho sin pensar o pensando mal? La acción no se detiene sino que debe mejorarse introduciendo el pensamiento en su forma esencial, la crítica dialéctica. Apreciamos ahora en su pleno contraste la diferencia entre lo que pensaba en 1960 y lo que pensaban a finales de 1965, ya que, en lo definitivo, la dialéctica y el propio Hegel había sufrido un serio recorte, por no decir una castración, a manos del “diamat”, de la “doctrina del materialismo dialéctico” fabricada por la burocracia rusa.
Lo segundo que llama la atención de la carta es que no sabemos quienes son los otros “grandes marxistas”, por ejemplo, ¿es Mao uno de ellos? Llama la atención que Che no le cite. De cualquier modo, la contradicción a la que nos estamos refiriendo durante todo el escrito es aquí palpable: por un lado, Che tiene toda la razón al afirmar que los ladrillos soviéticos no te dejan pensar, el partido lo hace por tí y tú debes creértelo; sin embargo, por el otro lado, subraya el nombre de Stalin y denomina como revisionista a Jruschov aceptando así la crítica maoísta al respecto. ¿Conocía Che el documento contra Stalin leído en el XX Congreso del PCUS, y el Testamento de Lenin? Según parece tampoco había leído a Trotsky al menos en profundidad, y si bien justificó en un momento la represión del trotskismo en Cuba también salió en defensa de trotskistas encarcelados y protestó contra la censura teórica impuesta a textos fundamentales de esta corriente marxista, como veremos en su momento.
Lo tercero que llama la atención es la insistencia en la investigación propia, personal, en la lectura de textos originales en vez de los manuales oficiales, aunque se pongan a disposición de la persona lectora comentarios explicativos que ofrezcan una visión más panorámica. Aunque en esta ponencia no se hace sino una breve alusión a la concepción guevarista de la pedagogía, del aprendizaje como praxis total del ser humano, que le capacita para desarrollar su creatividad multilateral, ahora comprendemos en su pleno sentido la visión de Che a finales de 1965 en algo que incluso entonces no era comprendido del todo en muchos círculos: la necesidad de volver a los clásicos, de volver a las fuentes del pensamiento en vez de limitarse a los sucedáneos, a las vulgarizaciones de manual. Además, Che no limita su estudio a los clásicos marxistas, revolucionarios y progresistas, sino que no duda en citar a pensadores burgueses de varias tendencias. Defender la lectura de los filósofos griegos dialécticos es necesario y normal, pero defender la lectura de autores como Proudhom en las condiciones del dominio estalinista de mediados los ’60, cuando todavía no había cogido fuerza la oleada revolucionaria que algunos han reducido al mayo’68 francés, era mucho atrevimiento.
Valorando en su justa medida este planteamiento, sin embargo, pensamos que aún es mayor su atrevimiento al rescatar a dos autores marxistas de la talla de Rosa Luxemburgo y de Trotsky. En aquellos años Gramsci era más tolerado por la burocracia rusa que los dos citados, tolerado, olvidado y arrinconado en una tercera o cuarta fila en las estanterías e incluso más atrás, y ausente en las universidades, pero no sufría el permanente ataque destructor de la “ciencia marxista-leninista” que caía sobre Rosa y sobre Trotsky. La burocracia sabía que Gramsci era menos peligroso para su status de casta, y que las condiciones en las que tuvo que elaborar su pensamiento tardío --la estricta censura carcelaria y el contexto político mundial e italiano-- permitían una manipulación de sus ambigüedades y debilidades internas, como lo comprendió perfectamente el reformismo “oculto” del PCI en una primera fase y luego, el reformismo descarado y oficial del eurocomunismo. Pero esta manipulación falsificadora y amputadora no es posible ni con Rosa ni con Trotsky. La valentía de Che consiste precisamente en haber dado ese paso, que muchos no se lo han perdonado todavía.
Especial importancia tiene un comentario que hace Che a propósito de Rosa Luxemburgo: “quien tiene errores en su crítica de Marx (tomo III) pero murió asesinada, y el instinto del imperialismo es superior al nuestro en estos aspectos.” Che no niega las diferencias de Rosa con respecto a Marx --no dice nada de sus permanentes discusiones con Lenin, y pese a ellas, la admiración profunda que Lenin le profesaba, a la que llamaba “águila”, y de la que pidió que todas sus obras fueran traducidas al ruso, cosa que Stalin prohibió antes de excomulgarla y de crear el fetiche reaccionario del “luxemburguismo” como enemigo del “leninismo”--, pero introduce una reflexión que resulta decisiva para entender la historia y la naturaleza del marxismo en todos los sentidos. Che dice que el imperialismo conoce muy bien a sus verdaderos enemigos, a los que asesina sin piedad, mientras que los marxistas, sin embargo, no tienen tan desarrollado ese “instinto”. ¿Qué quería decir? Pues que es la praxis, la dialéctica entre la mano y la palabra, la acción y la teoría, la que realmente hace daño al capitalismo; que el imperialismo tiene recursos globales --“instinto”-- para descubrir y exterminar a sus verdaderos enemigos, los que ejercitan y mejoran la praxis revolucionaria, pero que los marxistas han olvidado ese principio o lo han desarrollado menos que los centros de poder de la burguesía. En el fondo, esta frase es un torpedo a la línea de flotación del intelectualismo abstruso y especulativo que dominaba en la pasiva “izquierda” eurocéntrica y a la esencia del llamado “marxismo ruso”.
Lo cuarto que llama la atención es su propuesta: “VI).- Construcción socialista. Libros que traten de problemas concretos, no sólo de los actuales gobernantes, sino del pasado, haciendo averiguaciones serias sobre los aportes de filósofos y, sobre todo, economistas o estadistas”. En las condiciones actuales, más de cuarenta años después y con la bibliografía ahora disponible sobre los problemas históricos que lastraron la “construcción socialista”, puede resultarnos un sinsentido la propuesta de Che. Pero en realidad tenía un valor y una urgencia incuestionable en aquella época, y ahora la tiene también. Ocurre que por entonces Che estaba inmerso en una crítica radical del dogmatismo stalinista expresado, entre otros textos, en el tristemente célebre Manual de Economía Política de 1963, al que volveremos muchas veces en esta ponencia. En sus lecturas y comentarios, Che repite que hay que investigar, buscar informaciones, datos, referencias, etc., sobre realidades que no son plenamente conocidas o que le son desconocidas. Incluso algunas veces parece tener dudas sobre la veracidad de datos y afirmaciones que se hacen en el Manual, e incluso sobre ideas atribuidas a Lenin. Y otras veces denuncia de forma tajante la lógica interna del texto y de toda la “ciencia económica soviética”, como veremos.
La propuesta de Che topaba en directo con el silencio y la censura impuesta por la burocracia rusa sobre los decisivos debates librados en la URSS en la década de los ’20. Influenciado por sus estudios de dialéctica, Che sabía como buen marxista que para conocer y resolver una contradicción hay que introducirse en ella, en su movimiento, en su pasado y en su devenir total influenciado por sus interacciones con otras contradicciones. Por ello plantea que no sólo hay que estudiar los problemas presentes de la construcción socialista, sino también el pasado, y también a otros filósofos, economistas y estadistas. ¿A quienes? Aunque ha citado a algunos, lo importante es que Che deja abierta la puerta de la recuperación de autores que intervinieron en el pasado, en los debates decisivos. Y aunque ha subrayado el nombre de Stalin, no por ello veta el recurso a más personas, al contrario. Sin entrar en elucubraciones sobre por qué no citó a Mao, lo importante ahora, desde esta apertura de miras críticas, es comprender el impacto que semejante programa podía causar en los sectores pro soviéticos en Cuba y en el resto del mundo, en las Américas especialmente. Tengamos en cuenta que a excepción de pequeño grupitos de marxistas no stalinistas, solamente después de mayo’68 empezó a generalizarse el estudio crítico del stalinismo y en especial del “gran debate” de los años ’20. En esta como en otras cuestiones, Che iba a adelantado a muchos.
Lo quinto y último que llama la atención de la carta son las claras insinuaciones de Che sobre los sectores contrarios a sus tesis que existían en Cuba: “Te escribí a ti porque mi conocimiento de los actuales responsables de la orientación ideológica es pobre y, tal vez, no fuera prudente hacerlo por otras consideraciones (no sólo la del seguidísimo, que también cuenta).” ¿A qué se refiere? ¿Qué insinúa Che cuando se despide con un abrazo “a los abrazables”? ¿Había no abrazables que tal vez tuvieran algo que ver con las precauciones que tema en la frase anterior? Ni podemos ni debemos sumergirnos en ese mundo oscuro de dimes y diretes sobre las discrepancias políticas y personales entre Che y otros dirigentes cubanos, entre otras razones porque todavía no disponemos de informaciones contrastadas y verificadas, y sí, por el contrario, de mucha bazofia provocadora lanzada por las agencias burguesas de contaminación y manipulación. Sí sabemos, por boca del propio Che, que él era consciente de la acusación que le hacían algunos de ser “trotskista”, como veremos en su momento.
Los cinco aspectos que hemos comentado sobre esta carta nos remiten a un Che en proceso de avance hacia una segunda fase de su marxismo, hacia una visión más compleja y abierta a otros universos marxistas, más ramificada en líneas de investigación que puedan abarcar espacios problemáticos antes ni siquiera imaginados. Frente al reduccionismo de 1960 ahora vemos una explosión de diversas inquietudes. Frente al determinismo y al positivismo latente en 1960, ahora vemos una dialéctica viva y autocrítica, cualidad que iremos descubriendo en las páginas que siguen sobre todo cuando opina sobre las limitaciones y errores de Stalin, del Manual de 1963, del XX Congreso del PCUS, de la política internacional de la URSS y del “campo socialista”, de las teorías económicas vigentes en este campo y en especial de la importancia que conceden a los incentivos materiales, de la necesidad de ir reduciendo la operatividad de la ley del valor a la par que aumenta la efectividad de la planificación socialista y de la incentivación moral, etc.
Para concluir con esta cuestión hay que decir que la apertura de miras de Che no se detuvo en diciembre de 1965 sino que siguió ampliándose hasta llegar a recuperar y aplicar uno de los legados básicos del marxismo en lo que concierne a las formas de debate y acción entre militantes, entre fuerzas revolucionarias. Che sostenía que: “En nuestro mundo en lucha, todo lo que sea discrepancia en torno a la táctica, método de acción para la consecución de objetivos limitados, deben analizarse con el respeto que merecen las apreciaciones ajenas. En cuanto al gran objetivo estratégico, la destrucción total del imperialismo por medio de la lucha, debemos ser intransigentes”[6]. Semejante forma de funcionamiento había sido común en el marxismo hasta antes de la victoria de la burocracia stalinista, momento en el que se inicia la represión sistemática de toda discrepancia táctica, por no hablar de las estratégicas. Che asume el derecho a la discrepancia táctica y exigen que sean debatidas con todo respeto. En realidad, en 1967 estaba repitiendo de manera sucinta lo que ya había defendido en 1965 y había realizado en la práctica durante toda su vida. Y hay que reconocer, en honor de la revolución cubana, que ésta, que su pueblo trabajador en conjunto, ha mostrado siempre un respecto apreciable a las discrepancias tácticas.
El otro ejemplo de esta evolución creativa y expansiva, como la evolución de la vida misma, lo tenemos en una problemática crucial que en estos momentos está siendo sometida a un ataque masivo por parte del imperialismo y del reformismo. Nos referimos a la cuestión de la necesidad de la violencia revolucionaria, de la posibilidad del avance pacífico al socialismo, y más en concreto a la táctica de la lucha armada, de la guerrilla en el caso de Che. Pero hay que decir, sobre esto último, que Che siempre insistió en que la guerrilla es una parte de la guerra de todo el pueblo, de la guerra y de la política revolucionaria popular. Y hay que decir que en ningún momento, jamás, Che hace una loa a la violencia por la violencia. Al contrario, siempre insiste en la necesidad del estudio detallado de las condiciones objetivas y subjetivas ya que: “Es absolutamente justo evitar todo sacrificio inútil. Por eso es tan importante el esclarecimiento de las posibilidades efectivas que tiene la América dependiente de liberarse de forma pacífica. Para nosotros está clara la solución de esta interrogante; podrá ser o no el momento actual el indicado para iniciar la lucha, pero no podemos hacernos ninguna ilusión, ni tenemos derecho a ello de lograr la libertad sin combatir (…) Nos empujan a esa lucha; no hay más remedio que prepararla y decidirse a emprenderla”[7]. No hay ningún problema en citar palabras idénticas sobre las relaciones entre la posibilidad de la acción pacífica y la necesidad de la acción violenta, tema al que volveremos en su momento.
Estas palabras está sacadas de uno de los últimos textos escritos por Che, son de abril de 1967 y fue asesinado en diciembre de ese mismo año. Quiere esto decir que “Mensaje…” expone mejor que ningún otro texto lo fundamental de su pensamiento en los últimos meses de su vida, y eso es muy importante porque ahora vamos a analizar una apreciable radicalización en su forma de concebir algunos aspectos de la guerra revolucionaria. En su escrito “La guerra de guerrillas”, escribe:
“Muy importantes son los actos de sabotaje. Es preciso diferenciar claramente el sabotaje, medida revolucionaria de guerra, altamente eficaz y el terrorismo, medida bastante ineficaz, en general, indiscriminada en sus consecuencias, pues hace víctimas de sus efectos a gente inocente en muchos casos y que cuesta gran número de vidas valiosas para la revolución. El terrorismo debe considerarse como factor valioso cuando se utiliza para ajusticiar algún connotado dirigente de las fuerzas opresoras, caracterizado por su crueldad, por su eficiencia en la represión, por una serie de cualidades que hacen de su supresión algo útil; pero nunca es aconsejable la muerte de personas de poca calidad que traen como consecuencia un desborde de la represión con su secuela de muertos.
Hay un punto sumamente controvertido en la apreciación del terrorismo. Muchos consideran que al usarse y al exacerbarse la opresión policial, impide todo contacto más o menos legal o semiclandestino con las masas e imposibilita su unión para las acciones que serían necesarias en un momento determinado. Esto, en sí, es exacto, pero sucede también que en los momentos de guerra civil y en determinadas poblaciones, ya la represión del poder gobernante es tan grande que, de hecho, está suprimida toda clase de acción legal y es imposible una acción de masas que no sea apoyada por las armas. Por eso hay que tener mucho cuidado en la adopción de las medidas de este tipo y analizar las consecuencias generales favorables que puedan traer para la revolución. De todas maneras, el sabotaje es siempre una arma eficacísima, bien manejada”[8].
Supera a los objetivos de esta ponencia entrar al debate que renace periódicamente sobre cómo interpretar estas palabras ya que la valoración del “terrorismo” --que no tiene nada que ver con la ideología y propaganda burguesa sobre “terrorismo”-- oscila entre “medida bastante ineficaz, en general”, como “factor valioso” cuando es selectivo, como “nunca aconsejable” cuando acarrea muertes de personas de “poca calidad”, para terminar diciendo que este problema tiene “un punto sumamente controvertido” que es el que justifica el endurecimiento represivo, provoca la desunión y la debilidad, etc., tesis todas ellas muy conocidas; y al final, concluye advirtiendo que “hay que tener mucho cuidado en la adopción de este tipo…”. Es decir, la propia redacción de los párrafos indica el extremo cuidado con el que Che planteó la cuestión, siendo consciente de la extrema complejidad del problema dependiendo de las condiciones concretas. Más aún, páginas antes Che había resumido muy brevemente cuatro experiencias concretas de lucha armada --China, Viet Nam, Argelia y Puerto Rico[9]--, indicando la amplia base histórica que sustenta su investigación teórica, y mostrando su conexión con la lucha por la propiedad de la tierra.
Lo que a nosotros nos interesa ahora es mostrar la radicalización de Che al respecto, para lo cual lo mejor es recurrir al ya citado “Mensaje…” de 1967: “El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así; un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal. Hay que llevar la guerra hasta donde el enemigo la lleve: a su casa, a sus lugares de diversión; hacerla total. Hay que impedirle tener un minuto de tranquilidad, un minuto de sosiego fuera de sus cuarteles, y aun dentro de los mismos: atacarlo donde quiera que se encuentre: hacerlo sentir una fiera acosada por cada lugar que transite. Entonces su moral irá decayendo. Se hará más bestial todavía, pero se notarán los signos del decaimiento que asoma”[10].
No se puede negar la diferencia entre ambos textos. La razón puede ser debida, pensamos nosotros, a que en el primero, escrito justo al comienzo de la revolución cubana, Che sólo tenía un conocimiento teórico-abstracto, formal, aprendido en libros pero mediante el contacto directo, en los viajes y en las reuniones internacionales con otras fuerzas revolucionarias. Tras casi ocho años de experiencia directa y personal, vívida, Che podía hablar además de con mayor rigor teórico sobre el imperialismo y la situación mundial, como hemos visto al analizar la carta de finales de 1965, sobre todo con una motivación persona, ética y afectiva mucho más realista y humana, más directa, sin vacíos ni dudas de ninguna clase. Pero Che no descubre nada nuevo cuando afirma la necesidad del odio al opresor, ya que exactamente lo mismo había dicho Engels con mucha antelación. Del mismo modo, cuando insiste en la necesidad de formar meticulosamente a los soldados revolucionarios, no hace sino repetir las preocupaciones de todos los marxistas que tuvieron que crear de la nada y en muy poco tiempo verdaderos ejércitos populares, fueran campesinos o urbanos e industriales. La selectividad en la que Che insiste es también una prioridad en la teoría marxista de la violencia.
Otra cuestión a debate, en la que tampoco podemos entrar ahora, es la de si esta visión estratégica de Che sigue siendo válida en lo esencial, si ha sido confirmada por la evolución histórica desde que el murió hasta ahora o si, por el contrario, el imperialismo ha entrado en una fase anómala y exótica de su existencia en la que, como nunca antes, va a permitir a los pueblos y clases explotadas, a la humanidad trabajadora, avanzar al socialismo de forma pacífica, legal y tranquila; o por el contrario, justo lo opuesto y como todo lo indica, va a recurrir cada vez más a las guerras en cualquiera de sus formas para asegurar la reproducción ampliada del capital. Este y no otro es el debate: ¿erró Che? No.
3.- ¿SALTO DE FASES E INDIGENISMO EN CHE?
Che no erró, acertó en lo esencial y definitivo, en que las condiciones objetivas para la revolución estaban dadas, que se avecinaban grandes luchas y grandes represiones, que había que preparar concienzudamente las denominadas “condiciones subjetivas” de los pueblos, su capacidad organizativa, política y militar, y que, por no extendernos, no debía esperarse apoyo alguno, sino al contrario, de las burguesías latinoamericanas, que habían optado decididamente por el imperialismo. En su famoso “Mensaje…”, Che repitió que: “Hemos sostenido desde hace tiempos que dadas sus características similares, la lucha en América adquirirá, en su momento, dimensiones continentales. Será escenario de muchas grandes batallas dadas por la humanidad para su liberación”[11]. Hoy la lucha está adquiriendo ya dimensiones continentales. Esta realidad no la puede negar nadie, pero otra cosa son las valoraciones que se hagan sobre cómo va esa lucha, a qué problemas que enfrenta, qué va a hacer el imperialismo, etc.
Che acertó en lo decisivo porque su método de análisis era el marxismo, un marxismo que, para 1967, se había depurado de muchos dogmas anteriores y aceptaba enfrentarse a nuevos retos sin temor alguno. Uno de los dogmas que Che empezó a cuestionar de manera un tanto empírica, llevado por la lógica de las contradicciones y por la necesidad de profundizar teóricamente en ellos, fue el de la visión mecanicista, economicista y eurocéntrica, mejor decir rusocéntrica, del “marxismo” que dominaba oficialmente en la mayoría de las fuerzas políticas que se reclamaban de tal nombre. Que los países retrasados que dan el salto revolucionario tienen que buscar siempre cómo avanzar más rápido aprendiendo de los países más adelantados, aunque sean capitalistas e incluso aunque sea mirando a Norteamérica, como reconoce el propio Che[12], nada de esto anula la actualidad e importancia de una reflexión que surgió en el marxismo de la segunda mitad del siglo XIX y que no ha parado de agitarse desde entonces, tomando incluso más fuerza en la actualidad.
Para apreciar la evolución creativa de Che en esta cuestión debemos retroceder al comienzo, a lo que dijo el 27 de enero de 1959: “La Revolución no está limitada a la nación cubana pues ha tocado la conciencia de América y ha alertado gravemente a los enemigos de nuestros pueblos”, es decir y en una primera lectura, la lucha nacional y social es simultáneamente nacional e internacionalista, es parte integrante de la lucha mundial por el socialismo, de la lucha internacional entre la burguesía y el proletariado. Pero si analizamos esta frase con más detenimiento a la luz de la experiencia anterior de los pueblos de las Américas nos surge la pregunta de en qué medida no había sucedido también lo inverso, es decir, que la conciencia de lucha de América había tocado a la conciencia nacional cubana. Es innegable que leyendo a Martí descubrimos el hijo rojo subterráneo que conecta a ambas experiencias.
También aquí esta verdad que Che tuvo toda su vida como principio se contradecía de forma irreconciliable con la teoría del socialismo en un solo país, defendida por la URSS y por China Popular, y que el propio Che cuestionó prácticamente en 1965 aunque sin sintetizarla teóricamente de forma rigurosa al no imbricarla en el debate internacional surgido desde la victoria de la burocracia stalinista en la segunda mitad de los años ’20. A lo largo de las páginas anteriores hemos visto muy frecuentemente la esencial visión internacionalista de Che en todos los aspectos, lo que nos permite no repetirnos. Ahora debemos estudiar una faceta de Che que ha pasado muy desapercibida porque, al igual que otras muchas suyas, cuestionaba el dogma eurocéntrico y rusocéntrico dominante en aquella época pese al enorme potencial emancipador que contenían sus ideas al respecto.
Así en una fecha tan temprana como el 30 de septiembre de 1960, Che hace una pregunta que aparentemente no tiene nada que ver con el tema que ahora mismo tratamos pero que analizada a fondo indica que en su pensamiento existía una base que podía permitir significativos avances posteriores:
"Y ¿qué ha sido esa propiedad privada, en términos de grandes monopolios --no hablamos del pequeño industrial o comerciante, pero en término de grandes monopolios-- sino precisamente la destructora no solamente de nuestra fuerza, sino aun de nuestra nacionalidad y de nuestra cultura? Ese monopolio, que es el arquetipo de la propiedad privada, el arquetipo de la lucha del hombre contra el hombre, es el arma imperial que divide, que explota, y que desgarra al pueblo. Ese es el que da productos más baratos, pero de una calidad ínfima o innecesaria; el que vende su cultura en forma de películas, de novelas o de cuentos para niños, con toda intención de ir creando en nosotros una mentalidad diferente. Porque ellos tienen su estrategia; la estrategia del dejar hacer, la estrategia del esfuerzo individual frente al esfuerzo colectivo; el llamado a esa partícula de egoísmo que existe en el hombre, para que sobresalga sobre los demás. Y además de eso, el llamado también a esa partícula, a ese pequeño complejo de superioridad que todos los hombres tienen, que los hacen creer que son mejores que los otros hombres. Y entonces, el monopolio le inculca desde pequeño que a él, que es mejor y más trabajador, le conviene luchar individualmente contra todos, ganarlos a todos y convertirse también en un explotador"[13].
La afirmación de que la gran propiedad privada destruye la cultura y la nacionalidad de un pueblo, su fuerza, supone una significativa aportación a la teoría marxista de la cuestión nacional. A comienzos de la década de 1960, cuando las luchas de liberación nacional se enfrentaban a un imperialismo norteamericano en pleno auge, era fundamental establecer teóricamente el profundo contenido liberador de las identidades culturales y nacionales de los pueblos, de modo que quedase definitivamente establecido que sólo la lucha por el socialismo, es decir, contra la propiedad privada, podía garantizar la independencia nacional. Ahora bien, si sólo la superación de la propiedad privada monopolística asegura la independencia nacional, surgen de inmediato preguntas decisivas recurrentes en el movimiento revolucionario desde sus mismos orígenes: ¿qué clase es la encargada de dirigir la liberación nacional? ¿Qué intereses nacionales puede tener la gran burguesía esencialmente unida a la gran propiedad privada, o sea, puede existir una burguesía nacional dispuesta a sacrificar su propiedad privada en una lucha antiimperialista para mantener o conquistar la independencia nacional? ¿Qué tácticas tiene el emplear el pueblo trabajador con y hacia la pequeña propiedad campesina y de los pequeños industriales para atraerlas a una alianza e impedir que caigan en las redes de la gran burguesía?
Estas interrogantes y otras interrogantes tienen, además, la virtud de plantear la postura de cada una de estas clases frente a la defensa activa de la cultura nacional directamente amenazada por las películas, cuentos, novelas, etc., producidas por el imperialismo con el objetivo de imponer una “mentalidad diferente” en el pueblo sojuzgado: ¿qué política cultural puede desarrollar una burguesía estructuralmente unida al imperialismo por el lazo de la propiedad privada? ¿Y las clases explotadas, qué cultura propia tienen que desarrollar sabiendo que la propiedad privada capitalista genera un individualismo opuesto frontalmente a la identidad colectiva? Como vemos, son preguntas que si bien tenían una importancia innegable en 1960, ésta es aún mayor en la actualidad.
Hay una idea central en el párrafo que debemos analizar con detalle: “Porque ellos tienen su estrategia; la estrategia del dejar hacer, la estrategia del esfuerzo individual frente al esfuerzo colectivo; el llamado a esa partícula de egoísmo que existe en el hombre, para que sobresalga sobre los demás.”. “Ellos” son los imperialistas, los grandes monopolios de la cultura burguesa que dominan la industria de la alienación a escala planetaria. Aquí, lo que Che está planteando es la lucha a muerte entre la cultura humana que gira alrededor de lo colectivo, de lo comunal y público, del valor de uso, y la cultura burguesa, individualizada al máximo y que gira alrededor del valor de cambio y de la explotación, de la obtención de plusvalía. En las condiciones latinoamericanas de aquella época, defender la importancia clave de lo colectivo en contra de la propiedad burguesa, la importancia de lo que es común, propiedad del pueblo, que éste lo ha construido y defendido con su “esfuerzo colectivo”, defender este principio esencial en el marxismo, en el socialismo moderno, pero también en el socialismo utópico y en muchas corrientes utópicas pre socialistas, era abrir la puerta a muchas reflexiones imprescindibles, incluida, entre ellas, lo que ahora podemos definir sin mayores precisiones como luchas de las naciones originarias.
Evitando toda magnificación romanticista e interclasista de estas luchas nacionales, no podemos negar que entroncan directamente con una problemática que el marxismo empezó a investigar seriamente en la década de 1850, que tuvo un impulso en los primeros años de la década de 1920 para sufrir luego una brutal corte dogmático con el stalinismo, manteniéndose latente desde entonces hasta su recuperación paulatina desde la década de 1970 y en especial desde finales del siglo XX en adelante. Nos referimos al amplio y complejo universo de los modos de producción precapitalistas en los que la propiedad comunal era totalmente o parcialmente dominante, o convivía en retroceso con formas específicas de propiedad privada en ascenso, fuera a título colectivo de castas religiosas, militares y comerciales, o a título de reyes electivos o de monarquías hereditarias que debían respetar otras formas de propiedad de casta o de comunales campesinos, etc., todas ellas anteriores a la propiedad privada estrictamente esclavista, feudal y burguesa. En otras palabras, en su forma actual, nos referimos al debate sobre el papel revolucionario de las denominadas “naciones originarias” situadas entre los restos del “comunismo primitivo”, del “modo asiático o incaico”, o del “modo tributario” de producción, sin mayores precisiones en estos momentos.
Como veremos, Che no es del todo ajeno a estas cuestiones, y en el párrafo citado podemos descubrir un hilo reflexivo conductor que engarza con los pensamientos que puede tener un miembro de una comunidad indígena que mantiene aún tierras colectivas y una integración individual en la colectividad en base a esa comunidad de los bienes, entenderá sin apenas dificultades estas palabras de Che, mientras que un miembro individualista e insolidario de la sociedad capitalismo de consumismo compulsivo e irracional, apenas podrá comprenderlo. Esto no quiere decir que la revolución sólo pueden realizarla los pueblos originarios, sino que realmente muestra la importancia extrema tanto de las vanguardias militantes organizadas como de las experiencias colectivas e autoorganización de las masas explotadas alrededor de sus necesidades colectivas. Entre ambos polos debe establecerse una irrompible conexión integradora basada en el proceso que va de la autoorganización a la autogestión para culminar en la autodeterminación colectiva del Trabajo en su lucha contra el Capital. Che se fue acercando a esta concepción, adelantando etapas celéricamente y abriendo a la reflexión colectiva problemas de crucial trascendencia.
En mayo de 1962, Che avanza cosas más concretas sobre todo lo que se oculta bajo la diferencia entre el esfuerzo individual y el esfuerzo colectivo, etc., como hemos visto en el párrafo del 30 de abril de 1960, es decir, justo dos años antes, lo hace al estudiar las situaciones sociohistóricas de los procesos revolucionarios existentes en América Latina. Refiriéndose a Bolivia, dice: “Las cooperativas realmente no tienen un desarrollo grande y más que todo son cooperativas de tipo tradicional basadas en las anteriores experiencias del comunismo primitivo de los indios de la región, que han mantenido a través de la tradición y les han permitido hacer sus tipos de cooperativas basadas en estos principios del comunismo primitivo”[14]. Desconocemos si para esta época Che estaba al tanto de las ideas de Marx y Engels sobre el modo de producción incaico, desarrolladas en su fase de enriquecimiento del materialismo histórico.
Lo que sí es cierto es que Che no había estudiado todavía a fondo la evolución enriquecedora de Lenin al final de su vida hacia una comprensión más dialéctica de la importancia de las sociedades precapitalistas para facilitar el tránsito al comunismo, retomando así las ideas madura de Marx y Engels al respecto, y que serían más adelante censuradas por el stalinismo, pese a los fracasados esfuerzos de Mariátegui por recuperarlas y emplearlas para multiplicar las fuerzas revolucionarias; pero es posible que sus conocimientos al respecto fueran muy reducidos. Tenemos que partir de esta limitación inicial para comprender luego mejor la enorme capacidad de enriquecimiento teórico de Che al enfrentarse a ideas que desconocía. Ahora debemos seguir con su línea argumentativa de 1962.
El uso directo y explícito por Che del concepto de “comunismo primitivo” --que en realidad no es correcto porque el modo incaico de producción no es comunismo primitivo-- indica, teniendo en cuenta el estado general de reflexión al respecto del marxismo oficial, es decir, stalinista y eurocéntrico, entonces dominante, un potencial de desarrollo crítico futuro que no puede ignorarse. Esto se confirma viendo cómo luego insiste en la realidad social del Perú, determinada por el mayoritario componente indio y mestizo de su población --un 80% según Che en aquellos años-- y “con una separación racial muy grande”[15]. Che percibe que la revolución es posible en los Andes por el impresionante nivel de pobreza y explotación.
Y es en este estudio en donde demuestra el potencial de sus ideas aún inmaduras al respecto, pero que mejoran por momentos coincidiendo con una de las reivindicaciones y necesidades prioritarias enunciadas por Mariátegui: la importancia clave del dominio de las lenguas y culturas de las naciones indias: “En esta zona no se habla castellano, se habla el quechua y el aimará, que son las lenguas más comunes y que tienen un fondo común también entre ellas. El que quiera comunicarse con los indígenas tiene que saber hablar estas lenguas, si no es imposible la comunicación y las nacionalidades traspasan en que se han delimitado los países”. Después de explicar cómo se extienden las relaciones entre los pueblos indios más allá de Perú y Bolivia, abarcando Ecuador y zonas de Colombia, insiste en que “En todos estos países se hablan lenguas vernáculas como las lenguas dominantes”[16].
No sabemos si estas reflexiones específicas sobre la complejidad nacional en los Andes y sobre el “comunismo primitivo”, tuvieron mucha o poca influencia en la decisión de Che por optar por Bolivia para iniciar la insurrección guerrillera A la vez, esta virtud de revisar críticamente todo el sistema de pensamiento hasta encontrar sus limitaciones, tiene otra potencialidad que ha sido sino ocultada u olvidada por sus "apologistas" oficiales, si minimizada. En concreto, vemos cómo se desenvuelve esa potencialidad al leer sus comentarios críticos al Manual de Economía Política, poco tiempo después, donde se sostiene varias veces que en determinadas condiciones y siempre bajo la dirección del proletariado, los pueblos atrasados podían saltar al socialismo ahorrándose la fase capitalista. Es cierto que Lenin sostuvo esta idea en los últimos años de su vida, y que también defendió que los soviets son igualmente válidos para las sociedades masivamente campesinas siempre que fueran soviets de campesinos, etc.
Una de las veces en las que Che se enfrenta decididamente el Manual es cuando este defiende la tesis de que la liberación nacional de los pueblos coloniales sólo puede lograrse mediante un “frente común” entre la clase obrera del capitalismo desarrollado y el movimiento de liberación nacional concreto. Che escribe:
“Falso de toda falsedad. No hay punto de contacto entre las masas proletarias de los países imperialistas y los dependientes; todo contribuye a separarlos y crear antagonismos entre ellos. También es falso que el proletariado (se distingue claramente el proletariado de estos países de la ideología del proletariado) sea el que cumpla el papel dirigente en la lucha de liberación, en la mayoría de los países semicoloniales. La escala es esta: los proletarios de los países imperialistas reciben las migajas de la explotación colonial y se vuelven cómplices de los monopolistas; los obreros de los países dependientes reciben un salario varias veces menor, pero un salario al fin y tienen cierta estabilidad en sus puestos sobre los que pesa una gran oferta de trabajo de campesinos sin tierra y desclasados; los campesinos de estos países son despojados de sus tierras para crear la posesión latifundista y la oferta de trabajo; su economía natural desaparece y nada la reemplaza, son los auténticos miserables en este momento en la gran mayoría de los países. Son la fuerza revolucionaria”[17].
Che escribe estas palabras poco antes de que se iniciase la larga fase de lucha de clases sociopolítica en el capitalismo, fase que duró desde finales de los ’60 hasta comienzos de los ’80. Se debe decir, en este sentido, que Che erró en su análisis sobre la definitiva integración reformista del proletariado en el capitalismo imperialista. Y aunque no podemos estudiar aquí las razones de la derrota última de esta fase, sí hay que decir que, en su momento de auge, ayudó mucho por ejemplo a la victoria del heroico pueblo vietnamita gracias a las grandes movilizaciones yanquis contra esta y otras atrocidades, aunque la razón decisiva de la victoria no fue otra que la combatividad vietnamita. También debe decirse que el proletariado de los países semicoloniales participó muy activamente en esa oleada de luchas sociopolíticas, que no sólo economicistas, y que fue contra ellas las burguesías del Cono Sur, por ejemplo, con el apoyo de los EEUU aplicaron los exterminadores golpes militares y fascistas.
Pero sin extendernos ahora en este error de Che, que nos remite a una de sus debilidades teóricas, sí hay que reconocer su acierto al insistir en la importancia de las masas campesinas, sobre todo cuando son expropiadas de sus tierras. Y el que Che no cite a la opresión nacional, ni a la importancia de las cooperativas indígenas, tal cual lo hemos visto arriba, y se ciña sólo a una definición general sobre la desaparición de su “economía natural”, no resta ningún valor teórico a su correcta apreciación, que se confirmará con el transcurso de los años. Hay que partir del hecho de que entonces eran muy pocos los marxistas conscientes del problemas; de que entonces aún la obra inmensa de Mariátegui seguía siendo muy desconocida por efecto de la campaña de silencio y tergiversación en su contra del stalinismo latinoamericano, y que los claros indicios en ese sentido que existen en las obras de Martí, Bolívar y otros próceres eran igualmente desconocidas por la mayoría.
Volviendo a Che, otra vez en la que se enfrenta a la misma idea de la posibilidad del “salto” la encontramos en su No. 73 cuando analiza la tesis del Manual de la posibilidad de transformar la “revolución democrático-burguesa” en socialista por la vía no capitalista, sin pasar por la fase de desarrollo capitalista gracias, entre otras cosas, a la irrupción de las masas campesinas, tesis ya defendida por Lenin. El comentario de Che al respecto deja ver duda e incredulidad, aunque precisamente concluye con una idea que nos recuerda directamente a la teoría de la revolución permanente: “Habría que investigar dónde Lenin pronunció esa frase “no capitalista”; es ambigua y no creo que lo haya hecho. De todas maneras, si no es capitalista ¿qué es? ¿Hermafrodita? Los hechos han demostrado que puede haber un corto período de lucha política antes de definir la vía, pero esta será capitalista o socialista”[18]. Mucha tenía que haber sido la decepción de Che ante la realidad del “socialismo” ruso para llegar a pensar que el Manual introducía ideas falsas, atribuidas a Lenin pero que no eran de Lenin. De todos modos, parece a simple lectura que esta tesis del “salto de fases” le coge desprevenido, aunque reacciona de inmediato al insistir al final en que sólo hay dos posibilidades históricas definitivas tras un corto período de indefinición: el capitalismo o el socialismo, lo que vuelve a replantear la cuestión de la revolución permanente arriba vista.
Aun así, todo indica que tras la sorpresa inicial y su correspondiente duda, Che reacciona de una manera estrictamente marxista ante el peliagudo reto de la posibilidad de un salto histórico. En su lectura de las resoluciones del II Congreso de la Internacional Comunista, en donde se exponen con más detalle teórico las razones de dicha posibilidad de salto, y del papel del proletariado victorioso en los países capitalistas --recordemos que este II Congreso se realizó en plena fase de ascenso de una oleada revolucionaria internacional-- en el sentido de ayudar incondicionalmente a su éxito, Che comenta: “Importante cuestión de principio. Si los países dependientes toman la vía capitalista (y habría que definir qué es la vía “no capitalista”) se convertirían en enemigos del proletariado de sus países, y, a la larga, del campo socialista, aunque a vences tengan posiciones tácticas coincidentes en sus escaramuzas con el capitalismo imperialista. En este congreso se plantean tesis justas y revolucionarias para los países atrasados”[19]. Como vemos, Che no rechaza la posibilidad del salto al socialismo sin pasar por el capitalismo, sino que se fija más en el fracaso de dicho salto que se detiene en la mitad del vuelo y cae de lleno al capitalismo antes de aterrizar en el socialismo. Che, por tanto, no niega ya la tesis leninista y bolchevique, marxista en realidad, sino que, desde la ventaja que le ofrece una perspectiva histórica de casi medio siglo, se detiene en las consecuencias de los fracasos reales.
Más aún, que la tesis marxista de la posibilidad de que los pueblos oprimidos “atrasados” se ahorrasen los sufrimientos capitalistas avanzando rápidamente al socialismo aprovechando las potencialidades democráticas y progresistas que sobreviven en los restos de propiedad comunal y colectivas, así como en las relaciones sociales que éstas generan, esta tesis impacta tanto en Che que poco después, al leer la obra de Lenin “Sobre el impuesto en especies”, en la que defiende que el capitalismo monopolista de Estado es la preparación más completa para el socialismo, comenta: “Solo que para materializar necesita la explosión de las contradicciones. Aquí se podía preguntar si no se puede hacer valer lo que Lenin decía para los pueblos atrasado de si ¿no se podrá saltar completa esa etapa?”[20], subrayando lo de “saltar completa”.
Tras este repaso por la evolución posterior de Che acerca de las potencialidades de los pueblos atrasados, podemos hacernos una idea algo aproximada sobre las perspectivas que para el presente tienen las tesis de 1962 de Che enriquecidas con sus consideraciones críticas posteriores. Cuando Che analiza al detalle la composición material y lingüístico-cultural de las naciones indias y cuando, más tarde, empieza a admitir la corrección teórica de la tesis marxista de salto de fases histórica, lo hace desde una visión del proceso revolucionario como proceso permanente, aunque no utilice este calificativo, como hemos visto. Se enfrenta, por tanto, a una de las señas de identidad de la burocracia rusa, la del “internacionalismo proletario” de la URSS. Es necesario recordar aquí las tesis básicas de Che al respecto en algo tan decisivo como si las “burguesías nacionales” seguían siendo revolucionarias, como sostenía la URSS, o ya habían dejado de serlo, como sostenía Che y otros marxistas, entre ellos Trotsky.
Che transcribe esta larga tesis que aparece en el Manual de 1963: “Al desarrollarse en las colonias una industria propia, crece la burguesía nacional, que ocupa una situación doble: de una parte, el yugo del imperialismo extranjero y de las supervivencias feudales se interponen en su camino hacia la dominación económica y política; pero por otro lado, comparte con los monopolios extranjeros la explotación de la clase obrera y los campesinos. Por cuanto la lucha de liberación nacional y de los pueblos de los países coloniales y dependientes tiende ante todo a derrocar la dominación del imperialismo, a conquistar la independencia nacional y a suprimir las supervivencias feudales, la burguesía nacional participa en esta lucha y desempeña cierto papel progresivo”[21].
Fue esta tesis la que justificó desde 1926-27, por poner una fecha definitiva, toda la política colaboracionista de la URSS con las burguesías nacionales en aras de la supuesta revolución “democrático-burguesa”. Sus consecuencias para la marcha de la revolución mundial han sido catastróficas desde entonces hasta ahora, cuando todavía algunos partidos stalinistas siguen empeñados en defender la existencia de “burguesías nacionales” capaces de enfrentarse al imperialismo. Fijémonos también que en el texto citado sólo se habla de feudalismo y en modo alguno de otros modos de producción como el “asiático”, el “incaico”, etc., para usar la terminología de Marx, y que ahora podemos subsumirlos en el de modo de producción tributario. No podemos explicar ahora la estrecha conexión entre la tesis del feudalismo y mundial y la tesis de las “burguesías nacionales” antiimperialistas.
Leamos la respuesta de Che que vuelve a centrarse en la teoría de la revolución permanente: “Históricamente fue cierto, hoy es falso. En los países de más larga experiencia de seudo independencia política, como son las mayorías de los latinoamericanos, el proceso de alianza entre las burguesías nativas y los capitales imperialistas se venía gestando desde hace tiempo; la revolución cubana produjo un verdadero toque de alarma que fue escuchado por los explotadores autóctonos. Por otra parte, la lucha contra los residuos feudales es muy problemática ya que también se produce una alianza entre explotadores de diversos sectores y los grandes terratenientes incursionan en la industria y el comercio. En África, la formación de la burguesía adquiere un matiz parasitario desde el primer momento, constituyendo las llamadas burguesías importadoras, dependientes en absoluto de los capitales monopolistas. La lucha contra la burguesía es condición es condición indispensable de la lucha de liberación, si se la quiere conducir al final irreversiblemente exitoso (Indonesia en el ejemplo contrario)”[22].
¿Qué pasó en Indonesia? Pues lo mismo que en China en 1927, pues que los comunistas obedecieron las directrices de la URSS de apoyo a la “burguesía nacional progresista”, que la aceptó de muy buen gusto mientras le vino bien, tiempo que empleó no para seguir avanzando en la independencia verdadera, sino para preparar la degollina brutal de las fuerzas revolucionarias que se habían supeditado a los dictados de la burguesía. En Indonesia, tras la independencia obtenida en 1945 y después de dos décadas de gobierno “progresista” a cargo de Sukarno, el arraigado partido comunista indonesio, cuya dirección obedecía fielmente las órdenes de Moscú, no se preparó para tomar el poder que tenía al alcance de la mano sino que por su apoyo suicida a la cobarde “burguesía nacional”, fue desbordado por el golpe militar realizado por el dictador Suharto con el apoyo incondicional de los EEUU a comienzos de 1966, que masacró salvajemente a más de un millón y medio de demócratas, progresistas y comunistas, en uno de los genocidios más estremecedores del siglo XX. Las lecciones aprendidas por el imperialismo en Indonesia y otros lugares, en el sentido de aprovecharse de la ceguera de las izquierdas obedientes a Moscú con su apoyo incondicional y suicida a las “burguesías nacionales” para preparar meticulosamente un golpe militar sin apenas resistencia porque las masas trabajadoras no han sido concienciadas y mucho menos armadas por la izquierda, estas lecciones fueron luego aplicadas en el Cono Sur de las Américas con los resultados que todos conocemos.
4.- VIEJO Y NUEVO INTERNACIONALISMO
Las preocupaciones de Che por el potencial revolucionario de los pueblos oprimidos, que bien pronto llegaron a plantearse en la decisiva cuestión de la capacidad emancipadora latente en las sociedades precapitalistas, se agudizaron y se encresparon al comprender el papel retardador que jugaba la URSS mediante su política internacional. Recordemos el "Discurso en el segundo seminario económico de solidaridad afroasiática", del 24 de febrero de 1965, o sea el famosísimo "Discurso de Argel", Che hace una demoledora crítica a la "ayuda socialista" que se justifica con el pretexto de "beneficio mutuo" pero que se rige por la ley del valor-trabajo:
"El desarrollo de los países que empiezan ahora el camino de la liberación, debe costar a los países socialistas. Lo decimos así, sin el menor ánimo de chantaje o espectacularidad, ni para la ayuda fácil de una aproximación mayor al conjunto de los pueblos afroasiáticos; es una convicción profunda.
No puede existir socialismo si en las conciencias no se opera un cambio que provoque una nueva actitud fraternal frente a la humanidad, tanto de índole individual, en la sociedad en que se construye o está construido el socialismo, como de índole mundial en relación a todos los pueblos que sufren la opresión imperialista.
Creemos que con este espíritu debe afrontarse la responsabilidad de ayudar a los países dependientes y que no debe hablarse más de desarrollar un comercio de beneficio mutuo basado en los precios que la ley del valor y las relaciones internacionales del intercambio desigual, producto de la ley del valor, oponen a los países atrasados.
¿Cómo puede significar "beneficio mutuo", vender a precios de mercado mundial las materias primas que cuestan sudor y sufrimientos sin límites a los países atrasados y comprar a precios de mercado mundial las máquinas producidas en las grandes fábricas automatizadas del presente?
Si establecemos ese tipo de relación entre los dos grupos de naciones, debemos convenir en que los países socialistas son, en cierta manera, cómplices de la explotación imperial. Se puede argüir que el monto del intercambio con los países subdesarrollados, constituye una parte insignificante del comercio exterior de esos países. Es una gran verdad, pero no elimina el carácter inmoral del cambio.
Los países socialistas tienen el deber moral de liquidar su complicidad tácita con los países explotadores del Occidente"[23].
No hace falta que nos extendamos contando el terremoto causado por el "Discurso de Argel" que, según la teoría marxista, explica cómo los países oficialmente “socialistas” realizaban una extracción y transferencia de plusvalor, es decir, una forma de saqueo imperialista, obtenido mediante el intercambio desigual con los países que recibían esa “ayuda”. Inmediatamente, los stalinistas cubanos y de todo el mundo protestaron muy duramente contra Che. Se ha escrito mucho sobre el tenso recibimiento que tuvo Che al llegar a La Habana, sobre a larga y secreta conversación mantenida con la dirección revolucionaria, sobre su marginación creciente hasta su “expulsión” de Cuba. Pero Che no se amilanó por las reacciones de los stalinistas dentro y fuera de Cuba, sino que con el tiempo fue mucho más duro y explícito en el no menos famoso "Mensaje…":
"Hay una penosa realidad: Vietnam, esa nación que representa las aspiraciones, las esperanzas de victoria de todo un modo preterido, está trágicamente solo. Este pueblo debe soportar los embates de la técnica norteamericana, casi a mansalva en el sur, con algunas posibilidades de defensa en el norte, pero siempre solo. La solidaridad del mundo progresista para con el pueblo de Vietnam semeja a la amarga ironía que significaba para los gladiadores del circo romano el estímulo de la plebe. No se trata de desear éxitos al agredido, sino de correr la misma suerte; acompañarlo a la muerte o a la victoria"[24].
La denuncia de Che se orienta, en apariencia, hacia el “mundo progresista”, concepto demasiado amplio y general en el que entran muchas fuerzas políticas de diversa índole, desde los estudiantes “progresistas” de los países burgueses hasta los partidos autodenominados “progresistas” de todo el mundo. Pero inmediatamente después la denuncia de Che se concreta bastante más, aunque no del todo:
“Cuando analizamos la soledad vietnamita nos asalta la angustia de ese momento ilógico de la humanidad. El imperialismo norteamericano es culpable de agresión; sus crímenes son inmensos y repartidos por todo el orbe. ¡Ya lo sabemos, señores! Pero también son culpables los que en el momento de definición vacilaron de hacer de Vietnam parte inviolable del territorio socialista, corriendo, sí, los riesgos de una guerra de alcance mundial, pero también obligando a una decisión de los imperialistas norteamericanos. Y son culpables los que mantienen una guerra de denuestos y zancadillas comenzada hace ya buen tiempo por los representantes de las dos más grandes potencias del campo socialista”[25]. Che denuncia como responsables de la soledad heroica de Vietnam a la URSS y a China Popular. Aunque no los cite por sus nombres, el párrafo entero así lo indica.
Ambas citas dan una idea exacta tanto de la evolución del pensamiento de Che con respecto al “socialismo” tal cual este se presentaba y actuaba como con respecto a su internacionalismo, a su concepto de solidaridad, de ayuda práctica a los pueblos que luchan contra el imperialismo en cualquier parte del mundo. A la fuerza, estas y otras características de su ideario debían chocar inevitablemente con el stalinismo, muy especialmente con el ruso, pero también, a medio plazo, con el chino. La lógica interna del texto al que nos referimos indica que el ideario de Che en primavera de 1967 se orientaba decididamente hacia una generalización de las guerras de liberación nacional donde fuera inmediatamente posible, y hacia una preparación de la guerra allí donde todavía no estuvieran dadas las condiciones suficientes.
Su declaración programática, esencialmente marxista, de que “el imperialismo es un sistema mundial, última etapa del capitalismo, y que hay que batirlo en una gran confrontación mundial”[26] era inaceptable por el stalinismo que en modo alguno quería que se realizara el consejo de Che para crear “dos, tres, muchos Vietnam”[27]. Las presiones, chantajes y “consejos” sufridos por Vietnam para que no planteara exigencias “radicales” en sus negociaciones con los EEUU, para que suavizara su postura y facilitase un acuerdo con el invasor para concluir cuanto antes una guerra cada vez más incómoda e inoportuna para el stalinismo en cualquiera de sus formas, estas prácticas que aumentarían con el tiempo y que, en esencia, ya estaban anunciadas por Che antes de su muerte, a buen seguro hubieran llevado a un enfrentamiento total con la URSS y con China Popular, y con sus seguidores en Cuba.
Que estas denuncias públicas no correspondían a una súbita y sorpresiva toma de conciencia, una especie de “iluminación” fulminante, de ultraizquierdismo espontáneo carente de una reflexión teórico-crítica previa, sino que, por el contrario, era efecto de una profundización compleja, sincera y cruda, en primer y decisivo lugar, en las contradicciones entre la URSS y el imperialismo y, en segundo lugar, entre la URSS otros Estados socialistas y pueblos en guerras de liberación nacional, lo vemos confirmado en sus apuntes críticos al Manual de 1963. En efecto, sobre la contradicción decisiva entre el imperialismo y la URSS Che critica sin piedad la tesis de la coexistencia pacífica, de la posibilidad de avance pacífico al socialismo a nivel mundial gracias a la superioridad científico-técnica, productiva, cultural y social del modelo soviético sobre el capitalista, lo que irá convenciendo a las masas del planeta, empezando por la clase obrera del capitalismo más desarrollado, de la inevitabilidad del triunfo del socialismo.
Che sostiene que: “Esta es una de las más peligrosas tesis de la URSS, que puede aprobarse como una posibilidad extraordinaria, pero no convertirse en el leit motiv de una política. Tampoco ahora las masas son capaces de impedir la guerra y las manifestaciones contra la de Viet Nam se deben a que la sangre corre. Es el heroísmo del pueblo vietnamita en lucha el que impone la solución; la política de apaciguamiento, por otro lado, ha reforzado la política yanki”[28].
Cuando Che sostiene que la tesis del triunfo socialista mediante la coexistencia pacífica puede ser entendida como una “posibilidad extraordinaria” no hace sino aceptar las muy precavidas y excepcionales afirmaciones de Marx, Engels, Lenin y otros marxistas sobre las remotas y muy raras posibilidades de un triunfo revolucionario pacífico, siempre dentro de una concepción general sobre que lo más probable y casi seguro es que, al final, el proceso revolucionario no tenga más remedio que recurrir a la violencia defensiva para asegurar su triunfo histórico. No podemos extendernos ahora en esta muy improbable tesis sobre el tránsito pacífico, y la hemos recordado sólo para explicar la postura de Che. Sí debemos dar la razón a Che en las otras dos afirmaciones: que fue el heroísmo vietnamita, antes que las manifestaciones contra esa guerra, la que le dio victoria sobre los EEUU, y la segunda y fundamental: que la política rusa de apaciguamiento sólo sirvió para encorajinar a la burguesía yanqui: una vez asesinado Che, a cada paso conciliador ruso los EEUU respondían en la práctica aumentando sus presiones económicas y militares, hasta llegar a la estrategia global implementada por la administración Reagan.
Más adelante, avanzando en la lectura crítica del Manual, Che volverá sobre la denuncia de esta tesis. En efecto, cuando el Manual sostiene que el problema cardinal del próximo septenio, a partir de 1963, será el de ganar la mayor cantidad posible de tiempo en la emulación económica pacífica entre el socialismo y el capitalismo, Che dice que: “Esta es la tesis del complejo de inferioridad, siempre los ojos puestos en el modelo imperialista. El problema cardinal es resolver la contradicción creada por la existencia de bienes de producción en propiedad privada (koljoses) y asegurar la educación para el comunismo”[29]. Ahora Che está poniendo el dedo en la llaga de la contradicción antagónica creciente entre, por un lado, la propiedad privada y, por otro, cómo expandir la conciencia comunista, teniendo en cuenta que ambos extremos son irreconciliables. La historia le dará la razón a Che ya que, menos de un tercio de siglo más tarde, la propiedad privada logró aplastar a la conciencia comunista. Aquí conviene recordar la crítica de Che a la tesis de la coexistencia pacífica vista más arriba, rechazándola por su visión egoísta y mecanicista, por sus nefastos efectos sobre la cultura comunista al desmoralizar al pueblo.
Desarrollado este punto crucial, el de la imposibilidad de suprimir mediante la coexistencia pacífica el choque antagónico entre el imperialismo y la URSS, podemos avanzar en la segunda parte. Comentando la afirmación oficial de que los “principios leninistas” fortalecen y desarrollan los lazos entre los pueblos “dentro del sistema mundial del socialismo”, Che responde que: “Los últimos acontecimientos prueban todo lo contrario. Una vez más, la apologética reemplaza a la ciencia”[30]. Che no dice cuales son los casos que prueban todo lo contrario, pero el lapidario laconismo de su segunda frase es de tal magnitud que indica que ya había superado su fase inicial de aceptación acrítica de las versiones rusa oficiales.
Una muestra más precisa de sus ideas la encontramos un poco más adelante cuando tras leer la afirmación del Manual de que uno de los rasgos importantísimos del Estado socialista es potenciar las colaboración económica y la ayuda mutua entre los países del campo socialista, comenta críticamente que: “De nuevo, esta idea, tan justa en su expresión teórica, tropieza contra caracterizaciones éticas. Si el internacionalismo proletario presidiera los actos de los gobernantes de cada país socialista, a pesar de ciertos errores de conceptos en que pudieran incurrir, sería un éxito. Pero el internacionalismo es reemplazado por el chovinismo (de gran potencia o pequeño país) o la sumisión a la URSS manteniendo las discrepancias entre otras democracias populares (CAME). ¿Cómo puede catalogarse todo esto? Difícil decirlo sin un análisis profundo y documentado de las motivaciones de cada actitud, pero lo cierto es que atentan contra todos los sueños honestos de los comunistas del mundo”[31].
Como marxista, Che no elude el análisis profundo y documentado, al contrario. Inicia sus análisis concretos con una síntesis teórica decisiva que si bien ahora aparece en forma de una anotación para un libro, llegará a presentarse de forma oficial y definitiva en el texto que hemos leído arriba, en el célebre “Discurso de Argel”. La síntesis teórica que está expuesta en las anotaciones críticas al Manual surge tras leer Che la tesis de la burocracia rusa de que no pueden darse prácticas de explotación y sojuzgamiento entre Estados socialistas. Dice Che: “La última parte del párrafo es un metódico compendio de inexactitudes. Se dan fenómenos de expansión, de cambio de equivalente, de competencia, hasta cierto punto de explotación y ciertamente de sojuzgamiento de los estados débiles por los fuertes”[32].
Una vez expuesta la síntesis teórica, Che procede al análisis concreto ya que no acepta lo que dice el Manual en la página siguiente de que la división del trabajo en el bloque socialista no se establece por la violencia y la coacción como en el capitalismo, sino mediante por la colaboración fraternal y la ayuda mutua. Che denuncia esta palabrería: “La olla de grillos que es la CAME desmiente también esto en la práctica. Se están refiriendo a un ideal que sólo puede establecerse mediante el verdadero ejercicio del internacionalismo proletario pero que lamentablemente falta hoy en día”[33]. Definir a la CAME como una “olla de grillos” era en aquella época atacar al corazón mismo de la política internacional de la URSS.
El análisis concreto no se detiene en la CAME sino que se extiende hasta los problemas entre Albania y la URSS, aunque debido a la escasa información disponible Che se pone como objetivo acceder a más datos. Aún así, no deja de mantener su visión crítica al conjunto de las relaciones internacionales entre los Estados socialistas ya que poco más adelante rechaza la tesis del Manual de que en las relaciones de intercambio socialista los créditos juegan un papel justo. Che califica de inmoral esta tesis: “La forma es esencialmente igual; varía el contenido en alguna medida pero lo inmoral --si tratamos de moral-- es cobrar intereses por el capital, el monto del interés es secundario. Además, los precios y la calidad de los artículos producidos los situarían muchas veces fuera del mercado internacional capitalista. Hay ejemplos abundantes en Cuba y todo el Tercer Mundo. La URSS y China han seguido una política más consecuente con el internacionalismo proletario en este aspecto”[34].
En primer y decisivo lugar, la síntesis teórica marxista se presenta aquí en su núcleo total, en su fusión de lo político, lo económico y lo moral, al denunciar la injusticia que supone cobrar intereses por un capital adelantado. Tenemos ya, por tanto, el nudo del argumento presentado oficialmente en el “Discurso de Argel”. Y por otro lado, Che procede a remarcar ciertos aspectos concretos analíticamente expuestos, como son el comportamiento de la URSS y de China al respecto. Es decir, no engloba indebidamente a todos los países socialistas sino que diferencia unos de otros. De cualquier modo, Che también aplica el método marxista de la totalidad a las relaciones de intercambio de los países socialistas con el resto de Estados empobrecidos y explotados por el capitalismo. Lo hace porque no está de acuerdo con la tesis del Manual según la cual los criterios que siguen la URSS y los Estados de democracia popular con los países débilmente desarrollados no se rigen por las normas capitalistas, sino por los de igualdad de derechos y de beneficio mutado.
Che responde que: “La base del comercio es el precio del mercado internacional y éste está tarado por el intercambio desigual. Suponiendo que se den algunas ventajas, como precios fijos durante unos años, esto no significa anular el intercambio desigual, sino mitigarlo, en todo caso. De ahí que las relaciones de este tipo contribuyan al enriquecimiento del país industrial en desmedro del exportador de materias primas”[35]. En otras palabras, Che está demostrando la explotación de los países pobres por los Estados “socialistas” industrializados. De aquí al “Discurso de Argel” no hay distancia teórica alguna.
Una vez que hemos visto cómo esta tremenda crítica marxista se ha ido formando en Che gracias a su sistemática tarea de investigación teórica, desautorizando a quienes pretendieron anular su fuerza demoledora reduciéndola a una simple “rabieta ultraizquierdista”, podemos avanzar un poco más en el estudio de un texto tan esclarecedor como es el “Mensaje a los pueblos…”, que ha sido malinterpretado consciente o inconscientemente por los críticos de “izquierda” de Che en dos aspectos muy importantes. Uno de ellos es que se ha generalizado la idea de que Che sólo aceptaba y veía como posibles las tácticas guerrilleras, su supuesto “guerrillerismo”, cuando de hecho él no dice textualmente eso, sino que reconoce que la liberación se realizará mediante la lucha armada “en la mayoría de los casos”[36].
Che era lo suficientemente riguroso en el uso de la dialéctica materialista como para saber que no existe nada absoluto y que la relatividad está en todo, lo que le llevaba a teorizar en aquella época la posibilidad menor, pero posibilidad, de procesos de liberación no armados, aunque no en Latinoamérica. La otra crítica también es injusta porque Che la desautoriza directamente: se le ha criticado su desprecio absoluto hacia la lucha de clases en los países imperialistas, en los EEUU en especial, supuesto error achacable, dicen, a su obsesión guerrillerista.
Sin embargo, Che dedica un párrafo entero al análisis de las repercusiones en el interior del monstruo imperialista yanqui. Después de narrar las condiciones extremas en las que tienen que luchar los invasores yanquis en Vietnam afirma: “Todo eso va provocando la repercusión interior en los Estados Unidos; va haciendo surgir un factor atenuado por el imperialismo en pleno vigor, la lucha de clases aun dentro de su propio territorio”[37]. Che tenía razón porque la lucha de clases creció en los EEUU aunque no sólo por la resistencia heroica vietnamita, que también, sino por su propia lógica interna y mundial. Che conocía perfectamente para esa época la esencia mundial del capitalismo y de la lucha de clases y comprendió que los EEUU se verían con crecientes tensiones y dificultades internas en la medida en que Vietnam avanzara en su emancipación. Más aún, en otro momento del texto extiende esta dialéctica de la totalidad al conjunto del enfrentamiento de los pueblos del mundo contra el imperialismo, indicando cómo en la medida en que “se desarrolle un verdadero internacionalismo proletario” aumentará la actividad militante en todas partes, incluida Europa[38].
Este es el Che de poco antes de ser asesinado, el que había ido enriqueciendo su marxismo a base de contradicciones y decepciones; el Che que seguirá avanzando y profundizando en una mejor comprensión del imperialismo. Pero no lo logró sin un tremendo esfuerzo, lo cual aumenta sus méritos. Debemos volver, por tanto, a otras limitaciones anteriores para apreciar más correctamente sus méritos.
5.- RELACIONES ENTRE PUEBLO Y VANGUARDIA
Después de este recorrido en su evolución en uno de los componentes esenciales del pensamiento de Che como es su internacionalismo, debemos volver a sus primeros momentos, volver al desenvolvimiento de las contradicciones internas a la primera fase de Che. Y uno de los puntos más importantes a debate ahora no es otro que el de las relaciones entre los dirigentes, la militancia y el pueblo trabajador. En la historia de las revoluciones suele suceder que las presiones de los acontecimientos sumergen y ocultan cuestiones teóricas que aparecen entonces como menos importantes frente a las urgencias vitales. Esto explica en parte que haya pasado desapercibida otra contradicción en el pensamiento de Che. Hablamos del papel del dirigente revolucionario y de sus relaciones con las masas, cuestión que forma parte de un problema superior que no es otro que el del surgimiento de la conciencia revolucionaria. Che dijo con toda razón el 7 de febrero de 1960 que: “Nuestro triunfo no será el triunfo de personalidades aisladas, no puede ser siquiera el triunfo de Fidel Castro, siendo como es el líder indiscutible de todos nosotros. Nuestro triunfo es el triunfo del pueblo entero”