LO ESENCIAL Y LO FORMAL EN
LAS
CLASES SOCIALES EN EL CAPITALISMO
(ESCRITO PARA
UNA PRISIONERA POLITICA VASCA)
1.- SOCIOLOGÍA O MARXISMO
2.- PRIMERA FASE HISTÓRICA
3.- SEGUNDA FASE HISTORICA
4.- TERCERA FASE HISTÓRICA
5.- ALGUNOS DATOS ACTUALES
6.- CUATRO
ATAQUES BURGUESES
7.- NECESIDAD DE LA TEORÍA
1.- SOCIOLOGÍA O MARXISMO:
- Las clases
sociales no son cosas estáticas, quietas, dadas para siempre. Son
realidades móviles, que cambian y se transforman según las
transformaciones impuestas por la lucha de clases. Más aún, no se puede
hablar de una clase, por ejemplo, del proletariado, sin hablar a la vez de
la burguesía, ya que ambas forman una unidad de contrarios
irreconciliables en lucha permanente. Del mismo modo, no se puede hablar
de la pequeña burguesía nueva o vieja, de las denominadas “clases medias”,
etc., sin hablar a la vez de los cambios socioeconómicos que determinan
los cambios en estas “clases intermedias” y sin hablar tampoco de la
situación de las capas mejor pagadas del proletariado, algunas de las
cuales pueden intentar “ascender” a pequeños empresarios, autónomos con
empresas familiares autoexplotadas, profesiones liberales, etc.; y de los
apuros de las fracciones viejas de la mediana y pequeña burguesía que
corren claro riesgo de proletarización, o que se proletarizan sus hijos y
sus nietos al desaparecer la industria familiar creada por el abuelo, etc.
- Nunca
podemos analizar cada clase social en aislado, separada de su opuesta,
porque la lucha de clases es a la vez efecto y causa, causa y efecto, del
choque permanente entre ellas y por eso, de sus adecuaciones y cambios
siempre durante esa misma lucha, nunca fuera de ella, nunca antes o
después de ella. La lucha de clases es un proceso total, que abarca,
integra y subsume a toda la sociedad en su conjunto y a todas sus partes.
No existe nada que esté al margen de la lucha de clases, libre de sus
efectos y tampoco sin influencias sobre esa lucha, aunque tanto unos, los
efectos, como las otras, las influencias, sean indirectas, lejanas e
imperceptibles a primera vista. Las clases sociales son unas relaciones en
movimiento porque la lucha de clases es el movimiento de las contradicciones
estructurales del sistema.
- Ahora bien, pese
a sus transformaciones y adaptaciones, cambios y formas nuevas, pese a
esto, las clases sociales mantienen permanentemente una esencia básica que
no desaparece en lo elemental mientras perdure el modo de producción
capitalista. Al margen de que en una fase precisa del capitalismo, la
burguesía fuera mayormente mercantil y comercial, obteniendo buena parte
de su beneficios de la piratería y de la trata de esclavos, al margen de
eso, en lo esencial era la misma clase burguesa que la actual, aunque
explotase a muchos menos trabajadores urbanos y artesanos desposeídos de
sus medios de producción. Del mismo modo, estos trabajadores urbanos
asalariados se diferenciaban mucho de los actuales, entre otras cosas en
que seguían teniendo ciertos lazos familiares con el campesinado y hasta
con artesanos aún independientes, lo que les garantizaba cierta ayuda
económica, alguna forma de vida al margen del trabajo asalariado, pudiendo
así ausentarse de éste, vivir un tiempo sin trabajar o trabajando muy
poco. Pero, al final, cuando esas ayudas se agotaban, las masas urbanas
hambrientas tenían que encontrar rápidamente un trabajo asalariado.
- La esencia
--concepto básico en todo pensamiento científico-crítico-- de las dos
clases fundamentales, el proletariado y la burguesía, radica en que el
primero carece de todo excepto de su fuerza de trabajo, o si tiene algunos
ahorrillos o dispone de familiares y amigos que pueden ayudarse en un
momento preciso, incluso así, esta ayuda termina agotándosele y entonces
aparece la cruda realidad tal cual es: solamente un salario puede
garantizar la satisfacción de las necesidades básicas. Por su parte, el
burgués, puede mantener durante un tiempo dando altos sueldos a sus
trabajadores, relajando la disciplina, despreocupándose por los
beneficios, reduciendo las inversiones en nuevas tecnologías, etc., y
puede hacerlo porque tiene capitales ahorrados que le garantizan un tiempo
de despreocupación, pero esos ahorros se le terminarán, otros empresarios
ganarán más que él, bajarán sus ventas porque han perdido calidad, se han
encarecido o por otras razones, y no podrá mantener la competencia, etc.,
entonces, ante la posibilidad de quiebra y de ruina, el burgués no tiene
otra opción que endurecer la explotación de sus trabajadores, reducirles
sueldos, echar al paro a muchos de ellos y precarizar a los restantes… El
burgués tiene que tomar estas medidas si quiere seguir siendo burgués, si
no quiere “bajar en la escala social” a mediano o pequeño burgués, o peor.
- Por tanto,
el proletariado sólo tiene su fuerza de trabajo y el empresario tiene su
capital y la explotación que le es inherente. Esta es la esencia de cada
clase básica del capitalismo: la mayoría aplastante de la población vive
gracias a que directamente vende su fuerza de trabajo, o ayuda a reponer
la fuerza de trabajo de su marido asalariado o de su padre, o es hijo e
hija de padres y abuelos obreros, etc. La minoría dominante, la
propietaria de las fuerzas productivas, de las fábricas, bancos,
transportes, grandes almacenes, etc., la burguesía, vive gracias a que
explota a la clase trabajadora, que apropia del trabajo sobrante, del
plusproducto y tras convertirlo en plusvalía da el siguiente paso
transformando parte de la plusvalía en beneficio. Al margen de los cambios
externos que ambas clases han sufrido desde el origen del capitalismo en
el siglo XVII, su esencia sigue inalterable; más todavía, se amplia la
asalarización y se concentra y centraliza, es decir, se reduce, el capital.
- Un problema
que dificulta mucho la comprensión de la dialéctica entre la esencia
permanente de las clases y las formas externas que adquieren, o sea, la
dialéctica entre el contenido y el continente, el fondo y la superficie,
este problema es el de los altibajos en las luchas obreras y populares,
los vaivenes en los movimientos de resistencia a la explotación, los
períodos de aparente “paz social”, de “aburguesamiento” del proletariado e
incluso de aparente “desaparición de las clases” porque apenas se producen
protestas y luchas sociales y sindicales. Por un lado, existe una masiva
propaganda burguesa en contra de la realidad de lucha cotidiana,
silenciándola, ocultándola, tergiversándola; por otro lado, esta
propaganda ataca con especial obsesión a la teoría marxista a la vez que
refuerza con todos sus medios la ideología burguesa del interclasismo; y,
por último, el reformismo tiene una necesidad ciega en demostrar que tuvo
razón al aceptar incondicionalmente las restricciones burguesas, por lo
que presiona y chantajea para acabar con toda lucha que pueda ir más allá
de lo admitido por la clase burguesa.
- Pero además
de estas tres razones que dificultan sobremanera la comprensión teórica de
los cambios en las clases sociales, existen otras dos incluso más
profundas que debemos indicar, y que actúan reforzándose mutuamente. Una
es la propia naturaleza del pensamiento burgués, de su definición
ontológica de la realidad, de cómo estudia esa realidad previamente
designada, o sea de su epistemología, y de su axiología, o sea, de cómo
valora y normativiza todo lo anterior. Semejante sistema excluye y niega
el vital concepto de explotación, lo que hace que su contabilidad, la
entera economía política, la sociología en cuanto única “ciencia social”
admitida por la burguesía, no sólo no sean neutrales, sino que actúan
directamente para negar el proceso objetivo de la extracción de plusvalor,
y sin este concepto básico es imposible elaborar una teoría
científico-crítica de las clases sociales. Por tanto, el andamiaje y los
pilares de la “ciencia social” burguesa dificultan sobremanera el estudio
crítico de las clases sociales y de sus transformaciones, aunque esto no
quiere que no tengamos que recurrir a uso, pero con precauciones críticas.
- La otra
razón es el efecto especialmente demoledor y disolvente de la capacidad de
pensamiento racional, crítico y autocrítico que tiene en la especie humana
la fetichización mercantil. Recordemos que ésta consiste, básicamente, en
invertir la realidad, en romper la dialéctica entre causa y efecto y, en
esa quietud, tomar el efecto por la causa y viceversa, hacer de las
personas cosas y de las cosas, personas. En el tema que tocamos, las
clases sociales, el fetichismo logra que la gente crea que el trabajo lo
aporta el empresario --“voy a buscar trabajo”, dice el obrero alienado
por la fetichización-- cuando en realidad el explotador compra fuerza de
trabajo, la pone a funcionar y se apropia del sobretrabajo, del trabajo
sobrante, excedente, del plusproducto. Es la obrera la que va buscando un
comprador para su fuerza de trabajo, y la que cree erróneamente que lo que
realiza en casa no es “trabajo” en el sentido científico-crítico, sino
simples “tareas del hogar”, por ejemplo. El fetichismo está enraizado en
la sociología, en la economía política, en la filosofía, etc., y logra que
el empresario, la burguesía como clase social, no aparezca como explotador
sino benefactor al “dar trabajo” y con su correspondiente salario al
“empleado”, que debe estar agradecido por semejante magnanimidad
altruista. A la inversa, el fetichismo logra que la sociedad burguesa vea
en cada trabajador, y en la clase obrera en su conjunto, un vago, un
pedigüeño que deambula “pidiendo trabajo”.
- De esta
forma, tanto por la acción alienante profunda que ejercen el fetichismo y
la estructura ideológica burguesa --“pensamiento”, le llaman--, ambas
intrínsecamente unidas en su desenvolvimiento, como por las tres primeras
razones más superficiales arriba expuestas, queda muy reducida la
capacidad de estudio de los cambios en las formas de las clases sociales
porque antes ha quedado muy mermado el estudio de esas clases. Dicho de
otro modo, si el capital no es visto como una relación social en
permanente contradicción consigo misma, en su interior genético-estructural,
porque es interpretado a la inversa de lo que es, como mero efecto de las
“virtudes emprendedoras” de una minoría, los que “ofrecen trabajo”, si
partimos de esta visión invertida y aparente, no conoceremos apenas nada,
y eso es lo que ocurre.
- Un ejemplo
de todo lo que estamos diciendo lo tenemos en las crecientes críticas y
denuncias que se están haciendo al método de elaboración del PIB en todas
sus formas de aplicación, desde la elaboración del Producto Interior Bruto
en una pequeña comunidad hasta el PIB mundial. Admitiendo la razón de casi
todas las críticas al método oficial, esta cuestión es sólo la punta del
iceberg por decisivo que sea el PIB para la contabilidad de la economía en
general. Y es la punta del iceberg porque la profundidad, el grueso del
problema no es otro que la realidad de la explotación de la fuerza de
trabajo y la reducción de la naturaleza a simple mercancía. ¿Cómo se
valora todo esto si no es recurriendo a la teoría marxista, la única que
los tiene en cuenta? Muchas de las justas críticas al PIB oficial se
acercan bastante al problema clave, por ejemplo, críticas feministas y
ecologistas, críticas de consumidores populares, críticas al concepto
burgués de “calidad de vida”, etc., pero no terminan de comprender el
papel central de la teoría de la plusvalía. Otro ejemplo: ¿cómo se valora
la pobreza? ¿y el empobrecimiento absoluto y el relativo si las
definiciones oficiales de pobreza y del PIB no son fiables?
2.- PRIMERA
FASE HISTÓRICA:
- Era
imprescindible dejar esto previamente sentado, aclarado, para evitar
equívocos posteriores ya que tratamos de una cuestión decisiva: el
contenido sociopolítico directo del debate sobre los cambios en las clases
sociales. No es un debate neutral y academicista, apolítico, sino que
concierne a la evolución de la lucha de clases en su conjunto. Lucha de
clases entendida como choque irreconciliable entre el capital y la
humanidad trabajadora, entre la minoría propietaria de las fuerzas
productivas y la mayoría expropiada de todo excepto de su fuerza de
trabajo. Basándonos en estos criterios podemos delimitar a grandes rasgos varias
fases de transformaciones y de estabilidad en las formas de las clases
sociales a lo largo de la historia capitalista. No podemos extendernos
aquí en análisis más detenidos sobre las causas de tránsito de una fase a
otra, sobre sus duraciones respectivas y las intensidades de las
violencias y represiones que inevitablemente acompañan a cada cambio de
fase y de adaptación de la dialéctica entre la esencia interna de las
clases y sus formas externas de expresión. Sólo podemos decir ahora que en
esos cambios ha estado y está siempre activa la lucha de clases entre el
capital y el trabajo.
- Un período
anterior a la formación histórica del capitalismo y por tanto de las clases
en su pleno sentido, es el transcurrido entre los siglos XIII y XVI/XVII,
según los lugares de Europa. El concepto de “proletariado” nace de la raíz
latina ‘proles’ que se refiere a descendencia, linaje, familia amplia,
etc., es decir, son en su inmensa mayoría personas empobrecidas, sin
apenas recursos de subsistencia y menos de existencia independiente, los
que deben proletarizarse. Quiere esto decir que la cultura común del norte
de Italia, de Barcelona y de zonas de los Países Bajos y del Estado francés,
básicamente, certificaba una línea de continuidad entre las familias
pobres del pasado y las personas que en aquellos siglos XIII e incluso XII
en algunos sitios, tenían que proletarizarse, vender su fuerza de trabajo
a las clases ricas para poder vivir. Por el lado contrario, burguesía
viene de ‘burgo’, de ciudad relativa o talmente independizada del poder
feudal, papal e imperial, con sus leyes mercantiles en proceso de
asentamiento, con sus libertades propias y con su democracia burguesa
inicial, dotada de sus instrumentos de defensa o “milicia urbana” o
“milicia burguesa”.
- Por regla
general, sólo quienes ya disponían de algunos recursos económicos propios,
familiares o de otro origen como el bandolerismo, la usura o el comercio,
podían abandonar las poblaciones campesinas, vigiladas y controladas por
el feudalismo y la Iglesia, con sus múltiples leyes coercitivas e
impuestos de todas clases, y marcharse a la ciudad para empezar en ella
una nueva vida; mientras que la mayoría del nuevo proletariado debía huir
clandestinamente la mayor parte de las veces, arriesgarse a ser atrapados
o devueltos por la ciudad si ésta cedía a las presiones de los señores
feudales. La suerte de que esto sucediera dependía de varios factores,
decidiendo entre ellos la potencia económica de la ciudad, el espíritu de
sus clases burguesas y las alianzas establecidas con los gremios de
artesanos.
- La huida a
las ciudades se presentaba como una alternativa de mejora de vida ya que,
por lo general, las condiciones de vida urbana eran menos malas que las
campesinas, con algunas libertades imposibles en el campo. La naciente
burguesía, por otra parte, necesitaba según ciertos acuerdos con los
trabajadores libres, no asociados en gremios artesanales, para poder hacer
presión contra estos por la gran fuerza que llegaron a tener los gremios.
Además, en estos siglos las relaciones salariales y el conjunto de la
economía comercial y mercantil estaba aún muy lastrada por toda serie de
reglamentos feudales y papales, y la división social en estamentos era
todavía tanto o más fuerte que la división social en nuevas clases
burguesas y proletarias. Existían empresas que ya adelantaban lo que sería
el capitalismo tiempo después, pero eran archipiélagos en un océano
feudal.
- La primera
fase de formación del capital y por tanto de la unidad de contrarios
irreconciliables que son la burguesía y el proletariado, se inició en el
siglo XVI y tomó fuerza gracias, fundamentalmente, al proceso de
acumulación originaria de capital. Sobre la base de las riquezas
anteriormente acumuladas, pero especialmente gracias a un endurecimiento
atroz de la explotación, del comercio, del saqueo generalizado y de la
masiva trata de millones de esclavos, la burguesía se constituyó como
clase social sentada sobre la nueva esclavización del proletariado. Tuvo
decisiva importancia la expulsión masiva de campesinos de sus tierras, la
privatización de comunales, el ataque a los gremios artesanos y la ruina
de los artesanos independientes, la lucha estatal contra las masas de vagabundos,
pobres, enfermos, parados y bandidos, que actuaban a veces como
contrapoderes regionales, etc. Mucho peor lo pasaron los pueblos y las
naciones invadidas desde finales del siglo XV en adelante, masacras y
expropiadas, cuando no exterminadas. No hace falta decir que en todas
partes las mujeres y la infancia fueron blancos especiales del ataque
capitalista.
- Muy
significativamente, ya en esta primera fase de la formación de las clases
sociales básicas, asistimos a tres grandes estrategias aplicadas destinadas
a moldear la formación del proletariado como clase pasiva y obediente. Las
tres se repetirán en lo básico en todas las grandes transformaciones
posteriores, con añadidos nuevos causados por las nuevas necesidades pero
sin cambiar en el modo alguno el fondo de la estrategia burguesa contra el
proletariado. Las tres estrategias corresponde a tres objetivos vitales
para garantizar la explotación social. Veremos cómo se repiten en lo
esencial en cada fase de transformación de las clases sociales.
- Uno era el
de romper la independencia de vida de las masas, destruir todos los lazos
materiales, económicos, sociales, culturales y psicológicos que le unían
con sus entornos anteriores y que podían ayudarle a sobrevivir en momentos
de lucha, en huelgas, cuando no cobraba salarios, o cuando pese a
cobrarlos muy pequeños no necesitaba trabajar más horas porque tenía
recursos propios, una huerta, una familia, un pequeño taller artesanal,
etc., con el que obtener unas ganancias extras en un trabajo agradable o menos
brutal. La burguesía necesitaba destruir la independencia y hasta la
autonomía material de las masas para que no tuvieran otra opción que
dejarse explotar pasivamente para poder comer algo.
- Otro era el
de destruir también el saber popular existente, las costumbres, memorias,
tradiciones y conciencias de lucha, el utopismo de las masas campesinas en
defensa de sus tierras comunales y colectivas. Borrar la memoria
colectiva, hacerles creer que nunca habían sido libres y que nunca habían
luchado. A la vez que se les desarraigaba de su entorno material y se les
expropiaba de sus medios de subsistencia, se les destruían sus tradiciones
populares, sus lenguas y sus culturas, sus lazos de identidad y sus
referentes colectivos, sus imaginarios sociales, para hacer de ellos
objetos que existían pasivamente, dejándose explotar. El capitalismo no
necesitaba ni necesita sujetos que vivan conscientemente sino objetos que
existan pasivamente.
- El tercero
era el expropiar a las masas trabajadoras de su saber productivo, de sus
conocimientos artesanales, campesinos, productivos y creativos para, por
un lado, integrarlos en la producción capitalista y, por otro y a la vez,
convertir a esas masas en unas ignorantes, incapaces de dirigir ellas la
producción individual y colectivamente. La expropiación del saber
productivo, que iba unida a la expropiación material y
cultural-identitaria, permitía al capitalismo aplicar esos conocimientos
en su exclusivo beneficio privado. Hasta el surgimiento de la
planificación científico-industrial de forma ascendente en el siglo XIX y
sobre todo en el XX, hasta entonces la inmensa mayoría de los avances
técnicos en la producción provenían de tradiciones, ideas e inventos
realizados por los trabajadores y expropiados por los patrones que los
aplicaban quedándose ellos con los beneficios.
- Las tres
estrategias permitieron a la burguesía contar con una gran cantidad de
mano de obra hambrienta, desarraigada, desunida e indefensa en todos los
sentidos. En muy poco tiempo surgió la división y especialización del
trabajo ejercitado en talleres insalubres y pestilentes, en donde se
apiñaban durante agotadoras jornadas hombres, mujeres y niños vigilados
muy de cerca por capataces que aplicaban métodos duros y violentos.
Mientras que el campesinado y el artesano conocían todo el proceso
productivo que ellos practicaban, y tenían ellos mismos sus medios de
producción, ahora debían limitarse a hacer muy pocos movimientos y gestos,
siempre los mismos y con los instrumentos del patrón y en sus instalaciones.
Mientras que antes campesinos y artesanos se regían por un autocontrol de
su tiempo y de sus urgencias, incluso trabajando toda la familia pequeña o
grande, ahora los ritmos y el tiempo lo imponía el empresario. Si bien al
principio los burgueses permitían que sus empleados trabajasen en sus
casas, toda la familia, se dieron cuenta que concentrándolos en talleres,
dividiéndolos y vigilándolos de cerca aumentaba la producción y disminuían
los costos, multiplicando los beneficios. Surgieron los talleres medianos
y grandes, antesala de las fábricas industriales que se desarrollarían
desde finales del siglo XVIII.
- Este joven
proletariado vivía pese a todo en un contexto mayormente campesino, con
una economía con muy pocos bienes de consumo, con muy poco o nulo ajuar
doméstico, en muy duras condiciones de higiene, y frecuentemente cambiando
de sitio y hasta de región, por lo que la burguesía aumentó los controles
y las leyes que frenaban esas migraciones que permitían, por otra parte,
la circulación de noticias e idas, el contraste de experiencias de lucha.
En aquellas condiciones, las luchas obreras tendían a expresarse en forma
religiosa y utópica, sentando las bases de lo que sería el socialismo
utópico hasta bien entrado el siglo XIX.
- A este joven
proletariado le correspondía como enemiga y explotadora una burguesía por
lo general optimista y hasta revolucionaria en algunos casos, ilustrada y
con fe en las potencialidades de una “filosofía” materialista y
mecanicista. Una burguesía que sentía un profundo desprecio hacia la
“clase bajas”, que las trataba a patadas, haciendo intervenir el ejército
para reprimir a tiro limpio o a bayonetazos todas las luchas. Era la
burguesía heredera de las grandes revoluciones de los Países Bajos e
inglesa, y que se preparaba para las revoluciones norteamericana y
francesa, pero que había sufrido fuertes derrotas infringidas por el
feudalismo en Italia, Estado español, Rusia, Polonia y otros países.
3.- SEGUNDA
FASE HISTORICA:
- La segunda
fase de cambios en el proletariado y en la burguesía se produjo desde
finales del siglo XVIII empezando en Gran Bretaña con la industrialización
y el paso a la fábrica mecanizada. El primer proletariado no valía para
esta nueva forma de explotación que multiplicaba exponencialmente los beneficios
capitalistas, y con ellos el paro y la miseria. El proletariado
manufacturero, ya obsoleto para la burguesía, respondió a los cambios
industriales desde la desesperación que produce saber que no son cambios
fortuitos, asépticos e indoloros, sino que eran un verdadero ataque contra
la línea de flotación del “viejo” proletariado. Prácticamente desde la
instalación de las primeras máquinas surgieron las protestas obreras y
populares contra los efectos de la industrialización.
- En muchas
zonas británicas, a finales del siglo XVIII, los empresarios tenían que
cambiar la ubicación de sus nuevas fábricas ante los boicots y ataques de
las masas populares, trasladándose a regiones menos combativas, con peores
salarios y dispuestas a aceptar cualquier forma de explotación. Quiere
esto decir que las tan cacareadas “deslocalizaciones” actuales de empresas
son tan viejas como la historia del capitalismo y no sólo industrial sino
también manufacturero, pues ya hay datos de cambios de talleres de una
ciudad a otra para evitar protestas, abaratar costos, aumentar ganancias,
etc., en áreas como el norte de Italia. Bien pronto también, la burguesía
aprendió a mover esquiroles en masa de una zona a otra para derrotar
huelgas, y otros métodos que ahora consideramos actuales pero que nacieron
con el capitalismo manufacturero e industrial.
- Una de las
luchas más tenaces y heroicas, más silenciadas y despreciadas por la
historiografía burguesa, fue la del ludismo que se inició en 1811 en Gran
Bretaña y que se extendió por toda Europa en la década siguiente.
Consistía en el ataque a las instalaciones y máquinas, destruyéndolas. Fue
reprimido muy duramente por los ejércitos, gracias, entre otras cosas, a
la muy escasa experiencia organizativa clandestina del proletariado
inexperto aún, y que copiaba los métodos conspirativos de las sectas
medievales y de los clubes burgueses, pero sin los conocimientos ni la
centralidad de esas clases.
- El “nuevo”
proletariado industrial se formó mediante la aplicación en el contexto de
finales del s. XVIII y comienzos del XIX de los tres métodos aplicados
para crear el “viejo” proletariado manufacturero previa destrucción del
artesanado: arrasar los talleres e introducir a los obreros y obreras en
fábricas más controladas, con turnos más rigurosos, etc.; prohibición de
todas las costumbres asociativas y de defensa, así como de los sindicatos,
creación de las fábricas en lugares relativamente tranquilos con la
aparición de barriadas industriales infectas y pestilentes, sin contacto
apenas con los viejos espacios de convivencia alrededor de los talleres
manufactureros anteriores, buscando con ello romper toda continuidad entre
el saber popular viejo y el industrial que se estaba formando; y, por
último, creación de nuevas especializaciones técnicas para las nuevas
máquinas de vapor, lo que aniquilaba el saber productivo y la centralidad
manufacturera que el viejo proletariado había recompuesto mal que bien en
sus luchas de resistencia anteriores.
- Sin embargo
y a diferencia de la fase anterior, la nueva forma de explotación
industrial en su conjunto era tan salvaje y destructora a primera
instancia que bien pronto surgieron problemas nuevos desconocidos en los
siglos XIII-XVI/XVII. La intelectualidad burguesa, las corrientes
cristianas y el nuevo socialismo utópico llamaron a estos problemas como
“cuestión social”. La burguesía se dividió en dos sectores: los
reformistas, que propugnaban introducir algunas mejoras para garantizar
una mejor y más productiva explotación y evitar estallidos sociales, y la
tradicional que insistía en el látigo y en la represión salvaje. El
cristianismo se dividió también en dos sectores parecidos, mientras que el
socialismo utópico se dividió, como mínimo, en tres sectores: los
pacifistas pero que no querían ningún apoyo del poder, los pacifistas que
querían el apoyo del poder y de la banca para sus experimentos
reformistas, y los revolucionarios. De entre estos surgiría luego el
socialismo científico, el marxismo, que era muy minoritario.
- El
proletariado industrial ha sufrido ataques sucesivos contra su centralidad
de clase, contra el saber obrero que iba construyendo en medio de las
luchas, contra sus derechos sindicales y contra las formas políticas de
organización y lucha basadas en su autoorganización, en el consejismo y en
el sovietismo. La tendencia a la autoorganización estaba también presente
en el primer proletariado, en el manufacturero pero no tan desarrollado.
Con el proletariado industrial dichas tendencias se han hecho constantes y
esenciales, y son, como veremos, uno de los objetivos a destruir que
obsesiona a la burguesía en los momentos actuales.
- Los ataques
que ha sufrido el proletariado industrial han provenido de dos frentes que
han actuado unidos en los momentos decisivos, y con cierta autonomía en
los períodos “normales”. Por un lado, “externamente”, la burguesía no ha
dudado en recurrir a la represión militar, nazi-fascista, bonapartista y
presidencialista para aplastar sin piedad los procesos revolucionarios.
Por otra parte, “internamente”, la patronal ha usado las innovaciones
basadas en la electricidad, en la máquina de explosión interna, en la
informática y en la electrónica, etc., para remodelar buena parte de los
niveles y status laborales de las clases trabajadoras, añadiendo nuevas
escalas técnicas, profesionales, salariales y de capataces. Además,
introdujo más adelante la cadena de producción en serie, el fordismo,
creando grandes y hasta gigantescas empresas que reunían todos o casi
todos los recursos necesarios para centralizar lo más posible la
producción en una zona.
- Junto con
esto, fue creciendo la fracción trabajadora dedicada a todos los servicios
cada vez más imprescindibles para facilitar la administración, el
almacenaje, el transporte, la exposición y venta de las mercancías.
Conforme aumentaba la productividad del trabajo aumentaba exponencialmente
las mercancías producidas y las expectativas de ganancia, pero también los
peligros de la producción excedentaria, de los almacenes llenos, de la
complejidad administrativa, etc., y desatascar esos embudos cada vez más
estrechos exigía dedicar más y más trabajadores a esas tareas de
servicios. Pero también aumentaban las necesidades financieras, de
préstamos para los empresarios y para los consumidores, adelantando
capitales para facilitar el ciclo productivo entero y para que la clase
trabajadora pudiera seguir comprando cuando se le acabase el salario. Todo
esto exigían más trabajadores en el sector financiero, en banca y ahorro.
La burguesía comprendió que el préstamo para el consumo era una cadena de
oro que ataba muy efectivamente a las clases explotadas, y la potenció
todo lo que pudo. Marx ya lo había advertido.
- Las
presiones del proletariado industrial en los capitalismos desarrollados
hicieron que los Estados dedicasen partes de los presupuestos a los gastos
sociales, a los salarios indirectos, a las ayudas públicas. La sanidad, la
educación, las pensiones, el transporte, las infraestructuras básicas,
etc., fueron administradas con presupuestos y administración pública, más
o menos según las relaciones de fuerza de clase en cada país. Se fue
creando un ideología reformista, socialdemócrata, retomada en parte de la
que había existido a finales del siglo XIX y comienzos del XX en algunos
Estados, que justificaba toda una forma sociopolítica, económica y
cultural de administración interclasista en la que ambas clases cedían
parte de sus reivindicaciones a la administración del Estado que, sin
embargo, seguía garantizando fielmente la seguridad y continuidad de la
propiedad privada burguesa y de la acumulación de capital.
- Se trataba
de lo que se ha denominado como sistema taylor-fordista en el marco del
“Estado del bienestar”, “regulador e intervencionista”, en un contexto de
expansión consumista e imperialista que permitía tanto las relativas
cesiones burguesas como el acomodamiento del proletariado industrial en el
centro imperialista, aunque partes de esta clase iniciasen una
radicalización desde finales de los ’60 en adelante. Hay que insistir en
que este sistema fue excepcional y muy reducido geográficamente en la
historia del capitalismo, en que no abolió las diferencias de clases ni
propició la “desaparición del proletariado”, en que tuvo uno de sus
grandes valedores en los intereses de casta de la burocracia rusa, en que
la sobreganancias imperialistas facilitaron el apaciguamiento del
proletariado y la corrupción e integración en el sistema de los
“comunistas” que devinieron en eurocomunistas, etc.
- Reafirmando
esto, hay que decir también que las luchas del proletariado industrial
fueron tremendas y heroicas, con grandes logros y varias revoluciones en
su haber, así como con su cualitativa intervención pese a su reducido
tamaño en sangrientas y largas guerras de liberación nacional. Comparando
históricamente los muy reducidos logros de la burguesía en su la larga,
cobarde e insegura trayectoria revolucionaria entre los siglos XIII y XIX,
con los del proletariado industrial en su corta, vibrante y heroica lucha
entre la mitad del siglo XIX y finales del XX, comparando estas dos
experiencias, triunfa aplastantemente el proletariado sobre la burguesía.
- Como hemos
visto arriba, la burguesía ha utilizado todos los recursos disponibles
para derrotar al proletariado industrial cuya presencia amenazante aparece
siempre, de una forma u otra, detrás de las grandes guerras iniciadas por
el capitalismo, detrás de todas sus medidas socioeconómicas, políticas y
culturales. Incluso allí donde el proletariado era cuantitativamente
reducido, como en China, Vietnam y otros muchos pueblos, incluso allí jugó
el papel cualitativo de iniciador de las luchas y de referentes cimentador
de los objetivos estratégicos a pesar de su reducida cuantía frente al
campesinado. Sobre todo, fue la oleada revolucionaria iniciada a finales
de los ’60 del siglo XX y sostenida en muchas partes del globo hasta
mediados de los ’80, oleada producida tras la larga expansión de los “30
gloriosos”, de mediados de los ’40 a mediados de los ’70, la que desató la
última y desesperada contraofensiva del capitalismo para vencer en la lucha
de clases mundial en un contexto de crisis estructural.
- La burguesía
industrial se diferenciaba de la manufacturera en que había perdido
aquella fe en el progreso capitalista, en su civilización. La burguesía
industrial abandonó bien pronto aquellos ideales girando a la reacción más
pesimista e irracional en muchas cuestiones, optando, como hemos dicho,
por los regímenes más atroces cuando veía amenazada su propiedad.
Comprendió bien pronto el peligro mortal que suponía y supone el
proletariado que ella misma ha creado, y lo que es peor, comprendió que
además de a su proletariado también debía temer a los pueblos trabajadores
colonizados, saqueados económicamente por el imperialismo y aplastados por
burguesía colaboracionistas y clientelistas. A diferencia de las
burguesías mercantil y manufacturera, la industrial se sentó de inmediato
sobre el barril de trilita que es la gran fábrica mecanizada con su
proletariado centralizado y disciplinado, con los barrios obreros y
populares cercanos a las fábricas o pegados a ellas, y con el peligro real
de devastadores incendios sociales que prenden en las fábricas, se
expanden por las barriadas populares y avanzan hasta quemar los centros
burgueses de las ciudades. Lo comprendió de inmediato, y por eso enseguida
tomó medidas para cambiarlo todo, hasta el diseño urbanístico buscando la
máxima efectividad de las armas represivas, de los cañones y
ametralladoras.
- Pero además,
desde comienzos del siglo XX, la burguesía industrial buscó primero la
alianza con la pujante burguesía financiera, luego buscó su protección y
por fin se fusionó con ella en buena medida. Semejante cambio respondió
tanto a la urgencia por obtener adelantos y préstamos financieros con los
que continuar la expansión, como a la urgencia por acelerar el
armamentismo imperialista y, como resumen, a la urgencia por soldar una
unión burguesa contra el ascenso imparable del socialismo desde finales
del siglo XIX. Una manera de lograr esto último era integrando y
degenerando a los partidos obreros mayoritarios, a la socialdemocracia
especialmente, para lo cual fue decisiva la alianza financiero-industrial.
Vemos así como la interacción de contradicciones estrictamente económicas
con las presiones sociopolíticas provenientes de otras potencias
imperialistas y la lucha socialista, todo esto, se fusiona en la lucha de
clases a escala global obligando a una correspondiente reestructuración de
la burguesía, que no sólo del proletariado.
- Simultáneamente,
también la pequeña y mediana burguesía se adaptaban, cambiaban y tomaban
rumbos apenas imaginados antes. Fue sobre todo tras el final de la guerra
de 1914-18 cuando la pequeña burguesía comenzó la travesía política que le
llevó en muchos casos al fascismo y a regímenes similares, y en muy
contados casos a apoyar procesos revolucionarios. Tras 1945, la pequeña
burguesía optó por no arriesgarse en aventuras fascistas en Europa y se
limitó a vivir. Por su parte, el campesinado de los países imperialistas
pudo resistir mal que bien en su permanente retroceso cuantitativo hasta
que en los “treinta gloriosos” obtuvo ingentes subvenciones públicas para
garantizar la paz social en esos países céntricos azotados por la pasada
guerra mundial. Fuera de los Estados imperialistas, la burguesía también
abandonó su anterior nacionalismo y se convirtió en un fiel peón del
imperialismo. El campesinado mundial, por último, fue girando hacia la
izquierda y hacia los procesos de liberación nacional, sabiendo de que no
tenía otra salida para sobrevivir frente al imperialismo.
4.- TERCERA
FASE HISTÓRICA:
- Este era, a
grandes rasgos, el contexto dominante cuando desde inicios de los ’70 la
burguesía comenzó su gran contraofensiva, en la que el neoliberalismo jugó
un papel importante en el plano ideológico. Limitándonos a lo que
concierne a las transformaciones en las clases sociales como efecto de la
contraofensiva citada, podemos decir lo siguiente: debido a la creciente
importancia del capital financiero y en especial de la especulación,
debido a las ganancias extraordinarias generadas por los nuevos negocios
de las NTC, debido a las ingentes desregulaciones y privatizaciones de lo
público y su transferencia a lo privado y debido a la liquidación de
obsoletas industrias incapaces de resistir la mundialización económica,
por estas razones básicas, surgió desde finales de los ’80 una “nueva”
fracción burguesa, mucho más rica que las anteriores, que desplazó a las
fracciones industriales y de servicios clásicas, que absorbió buena parte
de la burguesía financiera a raíz de las crisis bancarias de estos años,
que se relacionó muy estrechamente con la producción de alta tecnología
científico-militar e industrial.
- Estos
cambios son obligados en la historia de las clases sociales, y en la de la
burguesía podemos apreciar cómo se producen en cada oleada de intensa
transformación: la burguesía comercial incipiente fue barrida por la
burguesía manufacturera, que no pudo resistir a la irrupción de la
burguesía industrial que a su vez, como hemos visto, tuvo que aliarse con
la financiera, dicho en lo esencial. Otro tanto sucedió con el
proletariado en estos mismo períodos de tránsito. Desde finales de los ’80
del siglo XX, se asiste a otra profunda remodelación entre las fracciones
burguesas por las razones que hemos visto. Una cuestión central en este cambio
ha sido el papel jugado por el Estado capitalista al servicio de esas
fracciones en ascenso y en detrimento relativo de las fracciones en
retroceso, pero siempre en defensa de la propiedad privada. Semejante
papel también fue cumplido por los Estados burgueses en las
transformaciones anteriores, por ejemplo, por el Estado y el parlamento
holandés en el siglo XVII, sin hablar del papel del Estado en las disputas
internas entre burguesías comerciales en Venecia, Florencia, Génova, etc.,
en los siglos XIII-XVI.
- Queremos
decir con esto que el papel del Estado es crucial en las transformaciones
de las clases sociales, que no sólo en la economía y en la represión. Ello
es así porque se trata de una totalidad en la que las transformaciones de
las clases son inseparables de las económicas, represivas, políticas,
culturales, etc. En la medida en que ascendía esta “nueva” fracción
burguesa también se transformaba el Estado, privatizaba áreas públicas,
desregulaba los mercados financieros y suprimía controles bancarios
permitiendo crear nuevos mercados bursátiles en los que la “nueva”
burguesía podía aplicar su ingeniería financiera sin apenas restricciones.
A la vez, como efecto de la ley de concentración y centralización de
capitales, se avanzaba en la Unión Europea, en el mercado asiático controlado por Japón y los “dragones asiáticos”, en las
propuestas yanquis de TLC contra las Américas, etc. Son transformaciones
simultáneas que reflejan el cambio de una fase histórica capitalista a
otra dentro de su naturaleza imperialista esencial y permanente. El
hundimiento de la URSS aceleró y fortaleció esta dinámica.
- Esta “nueva”
burguesía no surge sólo de la expansión financiera en todas sus formas,
sino también de la mundialización de las grandes transnacionales y de los
monopolios capitalistas, que han procedido a reducir sus plantas
gigantescas ubicadas en el centro imperialista y las han multidividido en
pequeñas o medianas empresas repartidas por muchos países, con una
estricta y efectiva división de tareas en base al control directo
realizado en tiempo real, aprovechándose de las enormes diferencias
salariales, legales y democráticas. Al ramificar sus empresas, las
transnacionales han tenido que crear nuevos técnicos y ejecutivos muy bien
pagados, generalmente jóvenes ambiciosos e implacables, fieles a la
empresa hasta la muerte; además, han tenido que contactar con burguesías
locales, funcionarios y especialistas, contratarlos o sobornarlos,
acelerando la creación de correspondientes “nuevas” burguesías delegadas en
esos países. En realidad este es un proceso que ya se inició con el
colonialismo y se aceleró con el imperialismo en su primera expansión,
pero ahora, con la mundialización de la ley del valor, con la
liberalización de los mercados y de las finanzas, y con los nuevos
transportes y telecomunicaciones en tiempo real, se está soldando muy
rápidamente los lazos que unen a la “nueva” burguesía imperialista con las
“nuevas” burguesías delegadas que genera en los países sometidos.
- Sin embargo,
tales cambios generaban tensiones intraburguesas que no podemos detallar
aquí excepto en dos aspecto importantes: uno, las resistencias de
fracciones industriales clásicas, metalurgia, automoción, transporte,
química, energéticas, etc., que eran conscientes de la capacidad de
producción excedentaria que se iba acumulando en todo el capitalismo
eurocéntrico y que exigían, y lograban, un endurecimiento de los controles
a las importaciones, presionando para que volviera cierto proteccionismo
tan denostado por el capital financiero. Otro, las advertencias crecientes
de sectores tecnócratas y ejecutivos sobre el imparable descontrol del
“milagro financiero”, sobre el aumento exponencial del “dinero negro” y
“sucio”, de la “economía criminal” y “subterránea”, de las “áreas grises y
alegales” que permiten toda serie de trampas y juegos malabares con el
dinero ficticio, electrónico, pero sin valor real en última instancia.
- Para
comienzos del siglo XXI de la cronología occidental estas y otras
fricciones intraburguesas eran apreciables para quien quisiera bucear un
poco en el problema, pero todavía seguía dominando la “nueva” burguesía.
Solamente desde verano de 2007 en adelante, una vez que la denominada
“crisis de la deuda” ha sacado a la luz de manera innegable la extrema
gravedad de la situación económica, sólo entonces y a regañadientes la
“nueva” burguesía se ha resignado a una revisión de sus postulados. Cierto
es que ya antes se habían producido depuraciones y hasta “castigos” contra
determinadas grandes corporaciones y transnacionales --Enrom, etc.-- por
sus abusos e ilegalidades, pero no porque las habían cometido sino porque
las habían hecho mal, aumentando los riesgos para la burguesía en su
conjunto. Tampoco es la primera vez, ni será la última, en la historia del
capitalismo en que la burguesía aplica dosis de su justicia de clase a
sectores empresariales que se han excedido en su celo por la máxima
ganancia en el menor tiempo posible sin reparar en las consecuencias para
el resto de la burguesía como clase. Una vez más, el Estado juega aquí un
papel central siempre que se trate de un capitalismo fuerte y de su
correspondiente Estado.
- Lo cierto es
que actualmente la clase burguesa mundial, con sus diferencias internas,
está procediendo a replantearse algunos de los esquemas aplicados en las
dos últimas décadas para salvar el sistema de la crisis tremenda iniciada
a finales de los ’60. Los “treinta gloriosos” fueron únicos, pero estas
medidas posteriores lograron prolongar algunas de aquellas glorias durante
otros veinte años más pero con unos costos globales para la humanidad
insoportables a corto plazo, por no decir catastróficos. La pequeña lucha
fratricida que se libra ahora mismo dentro de la burguesía mundial no
responde a la preocupación por el destino de la humanidad de un sector
burgués, arrepentido por el monstruo que ha desatado y que no puede
controlar, sino a su fría y egoísta conciencia de clase de que debe
remodelar sus mecanismos de explotación, y si para ello debe sacrificar a
las fracciones más irresponsables y timoratas, lo hace. Insistimos en que
esta autodepuración no es nada nueva en la historia del capital, sino que
es recurrente y periódica, más aún, es consustancial a cada una de sus
grandes crisis, y a corta escala en las pequeñas. E insistimos en que el
Estado vuelve a jugar el papel clave en ella.
5.- ALGUNOS
DATOS ACTUALES:
- El
enriquecimiento gigantesco de la “nueva” fracción burguesa y el
enriquecimiento muy apreciable del resto de la clase, ha sido a costa del
inevitable empobrecimiento relativo y absoluto de la humanidad
trabajadora. El primero, el empobrecimiento o depauperación relativa
significa que la renta que reciben los pueblos trabajadores sube
proporcionalmente menos en relación a la renta total producida que el
aumento de la renta que obtiene el capital. Es decir, que aumentan las
distancias en riqueza entre explotados y explotadores aunque los primeros
hayan mejorado algo porque los segundos han mejorado mucho más. El
segundo, el empobrecimiento o depauperación absoluta quiere decir lo que
dice textualmente, que las masas explotadas son objetivamente más pobres
hoy que ayer, que a pesar de un aumento de la producción de bienes, las
clases y pueblos explotados, las mujeres y personas ancianas, son más
pobres en el presente que en el pasado, sufren más hambre y frío, más
enfermedades, etc., que en el pasado.
- Recordando
lo anteriormente dicho sobre las crecientes críticas a los métodos
oficiales de medir el PIB, la pobreza, etc., y teniendo en cuenta las
dudas muy razonadas que existen sobre los informes del Banco Mundial, del
FMI y hasta de la propia ONU, teniendo todo esto muy en cuenta, sabemos
que aproximadamente 854 millones de personas sufren hambre en todo el
planeta y que esta cantidad no ha pasado de subir desde 2006. Sabemos que
ya no se va a cumplir el famoso Objetivo del Milenio consistente en
reducir a la mitad el hambre en el mundo entre 1990 y 2015. Mientras que
más de 6 millones de niños menores de 5 años mueren cada año por causas
relacionadas con el hambre, mientras tanto aumenta el consumo de
biocombustibles, multiplicando los precios de la alimentación básica. Según
estos objetivos, África podría reducir drásticamente las hambrunas con
25.000 millones de dólares, pero lo que gastan los EEUU en Irak asciende a
180.000 millones de dólares. Por ejemplo, para obtener 50 litros de
biocombustible se necesitan 200 kilos de maíz o la comida de una persona
durante un año. Según el Banco Mundial, el 19% de la población mundial
malvive en la pobreza extrema, y si le sumamos las que malviven con menos
de dos dólares diarios, llegamos a la escalofriante cifra del 40%. Pero
las mujeres están más empobrecidas que los hombres, que controlan el 98%
de la riqueza del planeta, mientras que el 80% de los pobres son mujeres.
El 60% de la infancia que no recibe educación básica es femenina y son
mujeres el 66% de los 876 millones de analfabetos maduros. ¿Y qué decir de
la explotación sexual y de la esclavización de la infancia?
- La
depauperación absoluta, el hambre creciente, no se expande sólo en el
tercer y cuarto mundos, también dentro de los EEUU. El número de personas
hambrientas ha aumentado en 390.000 más entre 2005 y 2006, año este en el
que 35 millones de los 294 millones de habitantes pasaban hambre. Y por
los datos que ya se empiezan a disponer del pasado 2007, el hambre sigue
aumentando porque se ha tenido que aumentar en una media del 10% la
cantidad de ayuda contra el hambre de octubre’06 a octubre’07, existiendo
ciudades industriales clásicas muy severamente azotadas por los cambios
que estamos analizando y a los que volveremos luego, donde esas ayudas se
han disparado: Detroit, por ejemplo, las ha tenido que aumentar en un 35%
en el mismo plazo. En Nueva York 1 de cada 6 habitantes sufre problemas de
alimentación, y el 59% de los comedores públicos no tienen recursos
suficientes para responder al aumento del hambre lo que les obliga a
reducir las raciones y expulsar trabajadores. En esta ciudad, el 32% de
los ancianos hispanos tiene “inseguridad alimentaria”, eufemismo que
oculta la tragedia diaria, y otros informes lo elevan hasta el 33% si se
tiene en cuenta a los ancianos y ancianas negras, bajando al 17% entre los
blancos. No hace falta, por tanto, reiterar que son las mujeres, la
infancia y la vejez, sobre todo de las naciones explotadas, las que sufren
las peores consecuencias del enriquecimiento extremo de la burguesía
yanqui. Se estima que casi el 20% de la infancia no tiene comida
suficiente o si la tuvo, no disfruta de garantías para el futuro
inmediato.
- Hemos citado
algunas pocas estadísticas sobre la realidad del planeta centrándonos en
sus extremos, viendo cómo la pobreza absoluta y la explotación en todas
sus formas están tanto en el “primer” mundo como en el planeta entero. Pensamos
que son suficientes para mostrar las tendencias que se están desarrollando
a escala mundial. De hecho, el informe de FMI de octubre de 2007 reconoce
que en los últimos 20 años la “globalización” ha ampliado la brecha que
separa a los países, ha aumentado las desigualdades en renta entre ellos,
agrandado las distancias entre “ricos” y “pobres”. De hecho, y si
reducimos un poco el área de estudio a la que abarca la OCDE un muy reciente informe de marzo de 2008 reconoce que las pensiones son nada menos que
un 25% inferiores a las de hace 1992, retroceso que significa un
empeoramiento absoluto de las condiciones de vida de los millones de
pensionistas que no tienen otros ingresos, excepto su pensión que va
disminuyendo año a año en comparación al aumento del costo de la vida.
- En cuanto a la Unión Europea, las estadísticas más fiables reconocen la existencia de un 15% de personas
empobrecidas, 72 millones, mientras que otros 32 millones están apenas por
encima del nivel oficial de pobreza. Otras estadísticas más recientes
hablan de 78 millones de pobres, de los cuales nada menos que 19 millones
son niños. Estos datos son coherentes con la tendencia al descenso de los
salarios desde 1993, cuando representaban el 68% de la renta total al 64%
de 2006, una pérdida de 4 puntos en 13 años. Justo al empobrecimiento
obrero y popular se ha producido un enriquecimiento burgués ya que si en
1979 el 1% de las familias más ricas obtenía el 8% de las rentas, en 2004
había subido al 14%, mientras que en las mismas fechas el 20% de las
familias más pobres han visto descender su participación en la renta del
7% al 5%. Otras estadísticas muy rigurosas porque usaban datos de la Europa de los 15 en la década de los ’90 y algo después, demuestran que el gasto social, o
salario indirecto, descendió del 8,4% en 1991 al 3,2% en 2003, lo que
significa un empeoramiento de las condiciones de vida de las clases
trabajadoras. Estas mismas estadísticas mostraban que en 2003 el 20% de
las personas más ricas tenían en 40% de la renta, mientras que el 20% más
pobre sólo el 7% de la renta europea.
- Si ponemos
como punto de referencia cara al futuro a la situación alemana, vemos que
en el año 2000 el 62% de la población pertenecía a lo que se denomina
“clase media”, de la que luego hablaremos, pero en 2007 había descendido
al 54% porque se han reducido los salarios reales. A la vez, existen
1.500.000 trabajadores que cobran la miseria de 5 euros por hora de
trabajo, menos que el salario mínimo estatal en los EEUU, lo que significa
la existencia de un considerable infraproletariado en un capitalismo como
el alemán, supuesto modelo de “bienestar”. Muy poco por encima de esta
franja, están otros millones de trabajadores que cobrando un poco más, sin
embargo no llegan al salario de 7,5 euros y mucho menos al de 8,44
euros/hora, salarios reivindicados como el mínimo nacional por diversas
plataformas obreras y sindicales. Toda una franja de trabajos-basura como
limpieza, telemarketing, hostelería y servicios, peluquería, comercio,
logística privada, etc., son los afectados por esta explotación salvaje. Además,
el 77% de los trabajadores con salarios mínimos tienen estudios de
formación profesional y un 10% tienen estudios universitarios.
- No tiene
sentido aburrir a las lectoras y lectores con datos que confirman de mil
modos estas tendencias, de la misma manera que tampoco tiene sentido ahora
repetir los datos que muestran cómo la “crisis de la deuda” conocida en
verano de 2007 no hace sino agravar la situación cotidiana de millones de
familias, especialmente en los Estados en los que la burbuja financiero-inmobiliaria
ha sido uno de los motores decisivos de la expansión económica, como en el
Estado español e Irlanda, por poner dos ejemplos llamativos, aunque
podríamos citar algunos más. Lo que nos interesa ahora es analizar las
transformaciones en la clase trabajadora a raíz de los cambios que hemos
visto. Vamos a destacar aspectos como la descentralización,
deslocalización, flexibilización, multicontratación y precarización.
6.- CUATRO
ATAQUES BURGUESES:
- La
descentralización de muchas las grandes empresas en otras varias más
pequeñas coordinadas en base al mando central patronal, ha multidividido
geográfica, cultural y nacionalmente a la clase obrera industrial. Aunque
este proceso de parcelación no es total y quedan muchas fábricas medias y grandes
sin dividirse, ahora una parte cualitativamente apreciable del “nuevo”
proletariado perteneciente a una misma empresa transnacional está
esparcido en varios Estados. Se debilita así mucho la unidad de clases, su
consciencia y su capacidad de lucha en esas fábricas. Además, su mera
existencia sirve para amedrentar a otros trabajadores de empresas que no
se han parcializado aún pero que saben que su huelga tiene ahora menos
posibilidades de victoria porque otras empresas descentralizadas pueden
producir lo que ellos no hacen.
- Junto a la
descentralización de empresas actúa también la deslocalización, es decir,
el traslado de la fábrica entera o de sus partes importantes a otra región
o Estado para aumentar los beneficios. La deslocalización es una terrible
amenaza para lo clase obrera en su conjunto y una baza terrorista en manos
de la burguesía porque paraliza por miedo a la clase obrera, genera
tensiones dentro de las empresas y entre ellas mismas. Aunque no se lleva
a la práctica la deslocalización, su sola posibilidad actúa como amenaza
preventiva. Pero, además, una vez realizada supone la destrucción de todo
el tejido urbano, social y vivencial creado colectivamente por la clase
obrera en un pueblo o barrio, en una ciudad incluso, como veremos.
- La acción
simultánea de la descentralización de la gran empresa, de su partición de
varias pequeñas empresas trasladadas a otros lugares y la deslocalización
de otras empresas en la misma zona industrial, esta acción simultánea,
supone la desindustrialización de zonas enteras conlleva la imparable
extinción física de la clase obrera que correspondía a las empresas
desaparecidas. Se trata del exterminio “biológico” de la clase obrera
concreta que vive y lucha en una zona concreta. Hemos citado el caso de la
ciudad de Detroit, pues bien, hay muchas más y luego veremos cómo la
reordenación del espacio industrial productivo en espacio económico de
servicios es una de las bazas del capitalismo para derrotar al
proletariado y, a la vez, para abrir nuevas áreas de enriquecimiento.
- A la vez, la
patronal y el Estado, con la ayuda del reformismo sindical, han
introducido en muchas fábricas la flexibilización productiva o toyotismo, que
consiste en crear grupos o brigadas de trabajo con tareas y cupos a
producir en cuanto unidad, no en cuanto individuos. Mientras que el
“viejo” proletariado de antes de los ’80 trabajaba en grandes
instalaciones, con ritmos y cupos fijados individualmente, con un control
coercitivo directo, ahora estos grupos pueden variar su intensidad y su ritmo
con tal de producir lo mandado en el tiempo establecido o incluso en menos
tiempo, a destajo. Las nuevas tecnologías les permiten intercambiar sus
respectivas tareas en el grupo, pudiendo hacer innovaciones para adelantar
el trabajo, vigilándose unos a otros para ser el grupo ganador, y no
dudando en delatar al compañero que no rinde para que lo echen del grupo.
La patronal impone así una cerrada lucha entre los propios obreros tanto
en el interior de sus grupos como entre estos grupos.
- El toyotismo
o cualquiera de sus variantes puede aplicarse a una gran gama de trabajos,
desde venta y marketing, hasta montaje, construcción, pasando por
limpieza, transportes, etc., y también a los trabajos llamados
“inmateriales” e “intelectuales”, así como a los muy especializados por su
alta cualificación tecnocientífica. Una de las bazas del grupo flexible es
que difumina el control disciplinario sobre el trabajador al imponer la
apariencia de “democracia” y “autogestión” relativas en el grupo, siempre
que cumpla sus objetivos. Son los trabajadores los que se vigilan así
mismos, aunque siempre existe un jefe y responsable que es el primer
interesado en que todo marche bien porque cobra más. En estas condiciones,
los derechos sindicales terminan apareciendo como un peligro porque pueden
disminuir las “libertades” del grupo para hacer lo que quiera, sobre todo
el destajo, para producir más que otros grupos. Sólo los sindicatos
corporativos y sectorializados, amarillos, pueden ofrecen alguna garantía
a los toyotistas que, por su propio interés, rechazan todo planteamiento
colectivo y de clase.
- La
multicontratación es una técnica destinada a acabar con los contratos
colectivos, los convenios y en general con todas las formas contractuales
basadas en la unidad de clase de los trabajadores, unidad de clase por
encima de sus especializaciones técnicas precisas, que también son tenidas
en cuenta pero siempre dentro de la visión colectiva. La patronal busca
imponer el individualismo más extremo posible dada la relación de fuerzas
en lucha: si consigue imponer diez formas de contratos diferentes mejor
que si consigue imponer cinco, pero peor que si consigue imponer quince. A
mayor complejidad, diferencia y oposición entre la mayor cantidad posible
de formas de contratación, pero para la clase trabajadora y mejor para la
burguesía. El sueño de cada patrón es individualizar todos los contratos,
impedir que se conozcan entre ellos para impedir toda resistencia
colectiva, llegando al máximo de cada trabajador un contrato individual con
el patrón.
- Cada nuevo
adelanto tecnocientífico aplicable a la producción o al trabajo, es una
excusa para aumentar la lista de categorías profesionales dividiendo más a
los trabajadores. Especialmente, la informática permite inventar tantas
categorías y contratos diferentes como necesidades disciplinadotas tiene
la patronal. Cada nueva reforma interna o cada nueva fusión, compra o
venta con otra empresa, cualquier excusa vale a la patronal para intentar
imponer muchas formas diferentes de contratos. La descentralización, la
amenaza de deslocalización, el toyotismo en cualquiera de sus formas, son
otros tantos argumentos para romper en lo posible la unidad de los
trabajadores. Una de las bazas de la multicontratación radica en la
ideología individualista que siguen teniendo los trabajadores.
- Por último,
la precarización consiste en anular toda seguridad en el puesto de
trabajo, en que, salvo catástrofe, el puesto de trabajo está asegurado si
no para siempre sí durante mucho tiempo. Una vez más, como en el resto de
medidas vistas, ésta también busca introducir el miedo, la ansiedad y la
inseguridad por el futuro en los trabajadores, para hacerlos más dóciles y
serviles, amedrentados, dispuestos a cobrar menos, trabajar más y en
peores condiciones con tal de tener un salario, aunque precario pero
salario. En sí mismo, todo trabajo asalariado es precario por cuanto
depende de la relación de fuerzas entre las clases enfrentadas en todos
sus niveles, de modo que si la burguesía tiene más fuerza que el
proletariado, también en el plano individual, puede romper el contrato de
trabajo incluso asumiendo costos judiciales y legales porque posee medios
de sobra para responder a ellos y reiniciar el negocio explotador con
otros trabajadores peor pagados. Ocurre lo mismo que cuando le resulta más
rentable pagar una multa por contaminación o por seguridad e higiene,
etc., que pagar las reformas necesarias según la ley. No ocurre así con el
proletariado, que sólo tiene su fuerza de trabajo, su consciencia de lucha
y su organización.
- La codicia y
afán por el máximo beneficio llevan al capitalismo a intentar precarizar
todas las formas de trabajo, aunque la propia experiencia ha enseñado a
algunas fracciones burguesas que es conveniente tener un número de
trabajadores fieles, bien pagados y permanentes porque son los de mayor
productividad, pero al resto se les aplican todas las formas de
precariedad que acepten y soporten. Se crean así tres niveles de
precariedad: En un extremo está el grupo el de los contratados cuasi
fijos, los selectos, muy capacitados e incondicionales pero también
imprescindibles para empresa…mientras no aparezcan otros mejores o la
empresa introduzca otras tecnologías que hagan inservibles a los hasta
entonces imprescindibles, como suele ocurrir. En otro extremo está el
grupo de los precarizados sin contrato estable, a tiempo parcial, que
entran y salen según las necesidades del momento, que dependen de las
ETTs, que desesperadamente intentan sumar puntos y méritos a costa de sus
compañeros y del servilismo más abyecto. En la mitad está un grupo
intermedio de cualificación alta-media, más estables que los terciarizados
del todo pero más inseguros que el primer grupo.
- Pero en los
últimos tiempos está creciendo un cuarto grupo, todavía en peores
condiciones que el precarizado, al que algunos investigadores denominan ya
como el “cuarterizado” o “infraclase” y que se asemeja mucho al peonazgo y
lumpemproletariado del siglo XIX. Son las trabajadores que malviven
buscando toda serie de cosas, desde un fugaz puesto de trabajo mísero y de
fuerza bruta, hasta reciclando basura, cartones, vidrios, etc., pasando
por la caridad y la mendicidad. Casa vez más, se está generalizando lo ya
visto en Alemania: que aumentan los trabajadores peor pagados pese a tener
estudios profesionales o universitarios que deberían garantizarles mejores
salarios. Incluso esto ya ocurre entre los “cuarterizados”, en la “nueva
mendicidad”, en la que caen incluso técnicos y ejecutivos. Ello ocurre por
dos razones básicas: una porque el capitalismo tiene demasiada capacidad
productiva instalada y al no poder ponerla en pleno rendimiento por miedo
a la crisis de superproducción también rechaza ya fuerza de trabajo
cualificada, y otra porque, además, el sistema educativo en el centro
imperialista está muy atrasado con respecto a las nuevas urgencias
productivas impuestas por el desarrollo tecnocientífico, lo que hace que
la gran mayoría de universitarios apenas conozcan esos adelantos.
- Las cuatro
medidas aquí analizadas, que forman parte de un ataque total de la
burguesía contra el proletariado, tienen, además de las consecuencias ya
vistas, otro efecto global de profundas consecuencias: la destrucción de
los espacios vivenciales de la clase obrera, tema que hemos apuntado
arriba. A cada gran transformación en las formas de explotación salarial
le corresponde su forma de espacio de reproducción social de la clase
trabajadora, formas al principio impuestas por el capitalismo porque
facilitan esa explotación, porque son funcionales a ella, pero que, con el
tiempo, son relativamente conquistadas, reconvertidas y usadas por el
pueblo para, mal que bien y en una pugna permanente con la clase
dominante, hacerse fuerte en dichos espacios. Un ejemplo son los llamados
“cinturones rojos” de las ciudades en donde la clase obrera vota con más o
menos continuidad a fuerzas de centro-izquierda, de reformismo duro y
hasta revolucionarias; pueblos suburbiales con alcaldías de izquierda, con
fuerte implantación generacional de movimientos populares, sindicales y de
todo tipo.
- La
destrucción física por desmantelamiento de las industrias y de las
barriadas populares a ellas pegadas, de estos “espacios rojos” e “islotes
de socialismo” en el océano capitalista, es una prioridad para la clase
burguesa sobre todo cuando necesita salir de una crisis estructural. Si no
se puede pueden destruir físicamente esos espacios, y se sabe que no es
tan difícil aunque requiere muchos años, sí se puede cambiar tanto un
pueblo, un barrio e incluso una ciudad industrial que al cabo de algunos
años ya no sea lo que fue. Hay muchas experiencias terribles al respecto
en todos los capitalismos desarrollados que no han dudado en imponer
drásticas transformaciones en el espacio industrial, cerrando empresas o
ayudando a su deslocalización, declarando en ruinas bloques enteros de
viviendas, recalificando espacios naturales y públicos para privatizarlos,
cambiando los anteriores planes de transporte y ordenación urbana para
condenar a la miseria a zonas populares, dejando de invertir en asistencias
sociales necesarias a la vez que se permite o se facilita y potencia la
aparición del narcotráfico, prostitución, delincuencia, etc., mientras por
el lado opuesto se aumenta la represión contra la izquierda, para ir
asfixiando la vida pública en esa zona hasta obligar a la juventud a
marcharse a otras. Existen muchos métodos a disposición de la burguesía
para lograr esos objetivos que tienen, como mínimo, cuatro grandes
razones.
- Por un lado,
debe destrozar la centralidad obrera y popular que se muestra con mucha
fuerza en las grandes huelgas industriales que son apoyadas por los
vecinos de los barrios, en donde viven esos trabajadores, por sus
familias, por otras pequeñas empresas que dependen de las grandes, etc.,
acabar con estas luchas de masas es una verdadera obsesión que quita el
sueño a la clase dominante; además, dentro de este punto, la destrucción
del espacio vivencial obrero y popular es imprescindible para acabar con
los rebrotes periódicos de formas de resistencia violenta e incluso armada
como lo atestigua toda la experiencia al respecto, desde las luchas
anarquistas individuales y de las insurrecciones blanquistas en el siglo
XIX hasta las recientes luchas armadas en el centro imperialista: se trata
de quitar el agua a la pecera en la que se mueven los grupos armados.
- Por otro
lado, unido a lo anterior, se trata de cortar el cordón umbilical que
permite que las nuevas generaciones de la clase obrera aprendan de la
memoria de lucha de sus padres y madres, hermanas y hermanos, del pasado,
de lo que se luchó, de sus errores y aciertos. Se trata de desarraigar a
las nuevas levas de trabajadoras y trabajadores para que no desarrollen su
conciencia de serlo, para que no tengan memoria, carezcan de pasado y
hasta de referentes simbólicos asentados en la vida colectiva, en la vida
de barrio y de pueblo, en donde la memoria y la conciencia colectivas
resisten más eficazmente aunque cada determinado tiempo existan altibajos
y crisis pasajeras en la fuerza de las organizaciones revolucionarias,
sindicatos, movimientos populares y sociales, etc., asentados en el barrio
y en el pueblo.
- Además, una
vez logrado este objetivo o mientras se avanza en ello, las nuevas zonas
liberadas para el capitalismo son empleadas o bien como espacios en los
que se reubica a las masas de emigrantes, de sectores sociales
desclasados, de drogadictos sin cura, de delincuencia y mafia no
controlable ni manipulable por la policía, etc., de modo que esos espacios
son auténticos bantustanes, zoológicos humanos, reservas indias en donde
se amontona y se vigila estrechamente todo aquello que la fina y educada
burguesía no quiere ver ni oler ni sentir en sus lujosos barrios
céntricos, protegidos y mimados por los ayuntamientos y poderes de todo
tipo. Es muy importante la previa expulsión del rojerío comunista y
revolucionario de esas zonas para evitar que conciencien a sectores de sus
nuevos pobladores. A lo sumo que permite la burguesía en ellos es a alguna
organización de caridad, a algún “cura obrero” aislado de su propia
Iglesia y clamando inútilmente en el infierno del sida, prostitución y
delincuencia.
- Por último,
según las zonas, circunstancias y necesidades, esos espacios son dedicados
al negocio de la especulación financiero-inmobiliaria, para zonas
residenciales y de lujo, para centros industriales especializados, para
grandes superficies, almacenes y zonas de diversión alienada y consumismo
compulsivo, o para nuevas viviendas en las que reubicar a la juventud
obrera y pequeño burguesa sin recursos que ha sido expulsada de sus antiguos
espacios vivenciales, de los destruidos por ser “cinturones rojos”. Dependiendo
de múltiples factores, la expansión geográfica de capitalismo en el medio
urbano y rural circundante crea nuevos espacios urbanos, de servicios e
industriales capitalistas, pero siempre dentro de la lucha de clases más o
menos latente o pública, sorda o bullente.
- Como
resultado de estos cambios y luchas se transforma la clase trabajadora en
su conjunto, pero manteniendo su esencia genética, el hecho de que al
final siempre depende de un salario para poder seguir viviendo. Aquí nos
enfrentamos a tres debates clásicos que hay que responder en cada momento,
dejando otros sobre la burguesía, etc., a los que ya nos hemos referido
arriba. Uno es el de si ha desaparecido o no la clase obrera, si debemos
decir o no “adiós al proletariado” y por tanto a la lucha de clases; otro
es el de las fracciones internas de la clase obrera; y por último, tenemos
también el sempiterno debate sobre la “clase media”. Hay que decir que son
debates recurrentes, periódicos, que renacen cada determinado tiempo
porque atañen al choque frontal entre la ideología burguesa y su método,
la sociología, y el marxismo y su teoría de la lucha de clases. Son
debates que no pueden concluir definitivamente nunca sino a condición de
que antes se haya extinguido el capitalismo. Mientras que exista
explotación asalariada, opresión política y dominación cultural, y más aún
mientras que éstas sean reforzadas por el sistema patriarcal y por la
opresión nacional, existirá lucha de clase y por tanto lucha permanente
entre la ideología burguesa y el marxismo.
7.- NECESIDAD
DE LA TEORÍA:
- A comienzos
del siglo XXI de la cronología eurocéntrica la lucha de clases está más
activa que a finales del siglo XX, lo que indica que empieza a
recomponerse el “nuevo” proletariado mundial tras los duros efectos de la
contraofensiva capitalista que estamos analizando, efectos que todavía no
se han agotado porque sigue adelante la contraofensiva que los causa. A
nivel mundial y de forma determinante, son los pueblos trabajadores
oprimidos nacionalmente de forma directa o indirecta, los que están
llevando adelante esta lucha implacable. A nivel del capitalismo
imperialista, que llaman “desarrollado”, “céntrico” o “norte”, son los
pueblos trabajadores y, en donde hay opresión nacional, que lucha por su
liberación como pueblo, los que llevan el peso de esas luchas; y a nivel
de los capitalismos imperialistas en los que no están tan agudizadas las
oposiciones entre la burguesía y el conjunto del pueblo trabajador, en
estos casos, son distintas fracciones de la clase obrera las que llevan el
peso.
- El concepto
de “pueblo trabajador” está presente en el vocabulario científico-crítico
marxista desde sus orígenes, y es utilizado para reflejar la existencia de
un amplio movimiento de lucha sociopolítica que ha superado la fase
inicial de lucha economicista y reformista para avanzar en la aglutinación
de todas las fracciones del proletariado, de la clase obrera en su
conjunto, sean productoras de valor o trabajen en el sector servicios.
Además, este concepto integra en los momentos de ascenso revolucionario a
sectores concienciados del campesinado, de autónomos y profesiones
liberales radicalizadas así como de pequeño burgueses que han optado por
la lucha revolucionaria. Es en las condiciones estructurales de opresión
nacional cuando este concepto adquiere todo su pleno potencial teórico,
del mismo modo que es en las fases capitalistas en las que aumenta la
multidivisión y parcelación de la clase obrera en su conjunto, cuando este
concepto adquiere más relevancia por su capacidad integradora e
incluyente. Además, permite introducir en la praxis revolucionaria toda la
riqueza de las culturas populares no alienadas ni mercantilizadas, todas
las memorias de lucha precapitalista que laten en las masas y todas las
aspiraciones profundas que las organizaciones tradicionales no tienen en
cuenta.
- La tesis del
aburguesamiento del proletariado es tan vieja como el reformismo, sobre
todo desde que éste adquirió impronta teórica a finales del siglo XIX.
Desde entonces ha flotado como un corcho en el huracán de las luchas
sociales esperando a que este se calmara para rebrotar con toda la fuerza
que le pueden darle los medios de prensa burgueses, sus intelectuales y universidades,
y el reformismo. Pero tras esos momentos de gloria espuria basta que se
reinicie el movimiento revolucionario para que ese mito se esconda otra
vez en el puerto de las bibliotecas. No tiene sentido el perder el tiempo
ahora en su crítica, como tampoco lo tiene extendernos en la tesis de
“adiós al proletariado” que causó furor entre los autoderrotados de los
’70, antiguos estudiantes radicalizados en el mayo’68 y que sintieron
vértigo ante la fuerza del proletariado en las luchas posteriores, pero
sobre todo sintieron miedo pánico ante la fuerza de la represión burguesa.
- Sí tiene
sentido extendernos en las “nuevas” fracciones de la clase trabajadora,
entendiendo por tal al conjunto de la población que, primero, no tiene
otra forma de vida que su salario y que por tanto no vive de explotar a
otro y otros trabajadores y trabajadoras; segundo, que no vive sin
trabajar y gracias a acciones o a capitales invertidos en bolsa o en
títulos del Estado, sino que tiene que trabajar asalariadamente; tercero,
que no importa que su trabajo produzca valor o no produzca valor, sea de
servicios; cuarto, que aunque no trabaje asalariadamente depende por
estructura vital familiar del salario de otros u otras, de su marido,
padres, familiares, etc., es decir, el caso de las mujeres de clase
trabajadora que sólo realizan trabajo no asalariado, en caso de la
juventud obrera, de las personas de tercera edad que fueron asalariados y
malviven con pensiones de miseria, o que fueron esposas de asalariados y
tras su muerte malviven en la pobreza, etc.; quinto, las personas con
salarios altos o medios, con puestos de responsabilidad técnica pero no de
vigilancia ni de control de otras trabajadoras y trabajadores, es decir,
que no son agentes directos de la opresión y dominación del empresario
contra el trabajador; y por último, sexto, asalariados en las nuevas
empresas de lo “inmaterial” e “intangible”, de eso que llaman “creadores”,
trabajos en Internet y mediante las nuevas tecnología informáticas,
diseñadores de programas, de moda, de prensa, de imagen y un largo
etcétera, que se creen con un estatus superior, distinto, pero que son
simples, vulgares y normales asalariados frecuentemente sometidos a
sobreexplotación y a formas muy específicas de dura precariedad. O sea,
estamos hablando de aproximadamente el 80% de la población en el
capitalismo imperialista, o más según las características de los países.
- De esta
clase trabajadora masivamente mayoritaria en el capitalismo imperialista
hay que especificar a la fracción obrera, o clase obrera en cuanto tal,
compuesta por quienes cobran salarios medios y bajos, en talleres,
fábricas, almacenes, distribuidoras, oficinas, banca y ahorro, servicios
privatizados, etc. Por ejemplo, una mujer, una anciana, un joven
estudiante pertenecen a la clase trabajadora por su ubicación objetiva en
la sociedad, por cómo viven, por dónde encuentran y obtienen sus medios de
vida, pero no pertenecen a la clase obrera activa porque no han entrado en
un trabajo asalariado todavía --la mujer y el joven-- o porque ya han
salido de él como el caso de los jubilados. Hacer esta matización entre
clase trabajadora en su conjunto y clase obrera activa es importante para
poder comprender muchas realidades sociales que no interpretamos
incorrectamente, sobre todo según los dogmas burgueses.
- En el
capitalismo imperialista, la fracción industrial y creadora de valor
dentro de la clase obrera va en lento retroceso porque, de un lado, el
potencial tecnocientífico permite producir más valor, más mercancías, con
menos trabajadores y, por otro lado, porque esas máquinas están siendo
llevadas como hemos visto a otros países donde el pueblo trabajador, su
clase trabajadora y su clase obrera son más fácilmente explotables y
producen más con menos costos. En estos países la fracción industrial de
la clase obrera, el clásico “trabajador de mono azul”, “grasiento”, es
abrumadoramente mayoritario no sólo porque el grueso de las industrias
pesadas, sucias y contaminantes están allí, no sólo porque en sus países
el sector servicios está menos desarrollado, sino también porque los
llamados “trabajadores de cuello blanco”, limpios, técnicamente preparados
y que controlan a distancia las sucias fábricas lejanas, están
monopolizados en el capitalismo imperialista.
- En el
capitalismo imperialista está en aumento el trabajador “de cuello blanco”
como hemos dicho, entre ordenadores para crear programas muy cualificados,
en fábricas y laboratorios de tecnología punta en nuevos materiales,
nuevas energías, sanidad, física en todas sus formas, biotecnología y
genética, química, etc., muy protegidos por servicios de seguridad privada
o estatal, muy fieles a sus empresas, con sueldos especiales y contratos
que les obligan al secreto profesional, o directamente militarizados o
bajo disciplina estatal. Con esta fracción de asalariados especiales,
también está creciendo todos los ayudantes y especialistas necesarios,
menos cualificados pero imprescindibles, que trabajan en empresas adjuntas
en forma de red y de corporaciones. El imperialismo, sus monopolios y
transnacionales vigilan muy atentamente para que las llamadas “potencias
emergentes” no tengan acceso a estos conocimientos, no puedan contratar a
estos asalariados, tengan que depender de la tecnociencia capitalista.
Según avanza la industrialización, estos asalariados especiales se van
convirtiendo en trabajadores dependientes como los demás de su salario,
muy controlados y vigilados, sobornados con favores, pero explotados como
los demás, y empiezan a surgir quejas y protestas en algunos sectores.
- En el
capitalismo imperialista está en aumento el llamado sector servicios, es
decir, el creciente número de trabajadores imprescindibles para que al
final se puedan vender todas las mercancías que hacen los trabajadores
productores de valor, que crean cosas nuevas que no existían antes y que,
al venderlas, producen unas ganancias al empresario. Según aumenta la
complejidad, diversificación e interconexión de los procesos productivos,
según aumentan las formas, colores y diferencias entre las mercancías ya
existentes, y según se producen nuevas mercancías que antes no existían,
según esto, el capitalismo no tiene más remedio que aumentar el número de
trabajadores dedicados a facilitar que todo ello funcione y que al final
se vendan las mercancías, de lo contrario sobreviene la crisis. Si antes
en el capitalismo imperialista 100 trabajadores industriales producían
100 mercancías y hacía falta 100 trabajadores de servicios para facilitar
su venta y cerrar el ciclo completo que acaba aumentando la propiedad
privada de la burguesía, ahora, por ejemplo, sólo hacen falta 10
trabajadores industriales que producen 1000 mercancías y 200 trabajadores
de servicios para acelerar en lo posible todo el proceso. Lo que sucede es
que en el capitalismo mundial, ahora hay miles de trabajadores
industriales pero en los países empobrecidos o en eso que llaman
“desarrollo”, por seguir con este ejemplo.
- En el
capitalismo imperialista se tiende de manera imparable a la
multiplicación, especialización y sobreexplotación de los cada vez más
trabajos específicos en el sector servicios. No hay otra alternativa, si
se le deja las manos libre a la burguesía, porque cada vez son más las
trabas de todo tipo que frenan de mil modos el proceso entero de
realización del beneficio, es decir, desde la producción inicial hasta el
resultado tangible en la cuenta corriente del empresario. Una respuesta ha
sido la de la producción al momento, es decir, intentar que en los
almacenes sólo existan las mercancías necesarias para las ventas en un corto
período de tiempo, evitando la tendencia ciega a la sobreproducción
excedentaria. Para ello es imprescindible disponer de muy eficaces medios
de estudio de la demanda efectiva y presente, de las demandas posibles y
futuras, de las necesidades del mercado y de los gustos de los
consumidores, de cómo se puede manipular todo eso para garantizar las
ventas, de cómo se tiene que repartir en poco tiempo lo que está
almacenado para que no “envejezca” y pierda valor, de cómo hay que
producir inmediatamente las mismas mercancías cuando ya no hay más en el
almacén, o producir nuevas mercancías, etc.
- Este sistema
exige introducir muchas escalas, niveles y especialistas concretos en casa
una de ellas, y vigilarlos de cerca con nuevos controles modernos para que
no se pierda un solo segundo en todo el proceso, porque si el tiempo es
oro en el capitalismo desde su origen, en la fase actual además de oro es
diamante y platino. Bajo estas presiones hay que exigir más intensidad en
el trabajo y más horas de trabajo, más especialización a unos y más
simplicidad mecánica y autómata a otros, y más y más trabajadores de
servicios en todos los pasos sucesivos del proceso entero. Desde el diseño
inicial de la mercancía, pero también de las máquinas que las hacen, hasta
el trabajador precarizado al extremo absoluto que envuelve la mercancía en
las fiestas de navidad en la tienda, pasando por los trabajadores de
almacén, mantenimiento, transporte y reparto, ordenación en las tiendas,
atención al cliente, cobro, seguros y abogacía, bancos y cajas de ahorro,
etc., sin tener en cuenta el resto de la sociedad capitalista en su
conjunto.
- Sería
excesivamente largo entrar ahora a explicar cuales de los estos
trabajadores son productivos o cuales no, cuales son fijos, fijos
discontinuos, contratados a tiempo parcial más o menos largo, precarios de
mil formas, etc.; al igual que sería imposible extender este análisis a
los recovecos de todo los procesos concretos de producción en todo el
capitalismo imperialista, incluyendo la sanidad en los nacimientos hasta
la sanidad en las defunciones, pasando por la educación y los
espectáculos, por la industria del espectáculo y de la prensa, para
terminar en los negocios transnacionales, familiares o del Vaticano.
Obviamente, quien después de todo esto siga sosteniendo que la clase
obrera ha dejado de existir, y por tanto ha dejado de existir la
burguesía, es un ignorante o un reaccionario, o las dos cosas a la vez,
que es lo más probable.
- Para evitar
este ridículo, se inventan la tesis de las “clase medias”, diciendo que
son una cosa que Marx no entendió, no reconoció. Es mentira porque
precisamente fue Marx el que más desarrolló esta teoría en su momento,
criticando a los principales teóricos burgueses de su época, sobre todo a
Ricardo, el mejor, que no tenía en cuenta la existencia de estas “clases
medias”. Lo que ocurre es que el concepto marxista es totalmente opuesto
al burgués. Las “clases medias”, en su forma actual, son como una especie
de bolsa que crece y decrece según las alzas o bajas de los salarios
especiales, de los trabajadores técnicos, etc., que por sus salarios y
condiciones de trabajo, por el trato especial que reciben de los
empresarios y de las instituciones, etc., creen que ya no son “obreros” en
el sentido antiguo y tradicional. Hemos visto cómo en Alemania, se
reconocía que con el descenso de los salarios en los últimos años se ha
producido, según la terminología del informe, un descenso de las “clases
medias”. En realidad es un proceso común a todo el capitalismo
imperialista porque al reducirse los salarios, al empeorar las condiciones
de trabajo, los controles internos para aumentar la productividad, al
aumentar el endeudamiento, etc., en estas condiciones generales muchos
trabajadores de salarios superiores a la media también tienen que empezar
a apretarse el cinturón.
- Peor aún,
una parte de lo que se denomina como “nuevo vagabundo” proviene de las
“clases medias” caídas en la ruina por diversos factores. Los datos son
incuestionables al respecto en todo el capitalismo y muestran que lenta
pero imparablemente van integrándose en el “nuevo vagabundo” antiguos
técnicos especialistas, con estudios, con un pasado de “clase media”, con
niveles de vida relativamente altos para las condiciones medias de la
clase trabajadora en su conjunto, que de pronto, en muy poco tiempo se ven
absorbidos por una espiral de crisis de la que no pueden salir, por
incapacidad personal o por lo que fuera, que tienen que dejar sus
viviendas, sus lujos medios, su forma de vida y muy frecuentemente, más de
lo que sospechamos, hasta sus familias porque se producen divorcios y
separaciones. Y caen en la mendicidad, o en trabajos muy precarizados.
Aunque la mayoría puede evitar esta catástrofe, muchos de éstos deben
reducir drásticamente su forma de vida. Aunque ese golpe no garantiza en
modo alguno que tomen conciencia sobre lo que objetivamente son,
trabajadores asalariados como el resto, sino que se empecinen en su
delirio subjetivo y opten por partidos de extrema derecha, añorantes de
los “buenos tiempos pasados”, como les suele ocurrir a la mayoría de la
pequeña burguesía empobrecida.
- En el
capitalismo imperialismo, estas “nuevas” condiciones sociales no han
logrado derrotar definitivamente a la clase trabajadora. Entrecomillamos
lo de “nuevas” condiciones, los tres métodos de destrucción de la
centralidad material, cultural y social, los cuatro ataques descritos, la
destrucción de los espacios obreros y populares, los cambios internos a la
clase trabajadora que hemos analizado, porque todos y cada uno de ellos
tienen claros antecedentes en la historia del capitalismo. La
parcialización de la empresa con su deslocalización no son nuevas en la
historia capitalista sino que, como hemos visto en el caso de la segunda,
ya fue aplicada por primera vez, que se tenga constancia, en las luchas
sociales en el norte de Italia y sobre todo abiertamente con la irrupción
del maquinismo. También la descentralización de las empresas se aplicó en
determinados períodos, por ejemplo durante la parte inicial de las
manufacturas los centros de trabajo estaban “descentralizados” entre los
grupos familiares que trabajaban en sus propias casas recibiendo las
materias primas, etc., del empresario que se las llevaba y volvía a ver el
resultado. Quiere esto decir que el capitalismo siempre ha recurrido a la
movilidad cuando lo ha necesitado.
- En esencia,
los grupos y el toyotismo no son nuevos en el capitalismo, que existen
experiencias anteriores que sin llevar ese nombre sí funcionaban con el
mismo método. Por ejemplo, las cuadrillas en el trabajo en el campo, en
los estibadores de muelles y en carga y descarga en general, en las
grandes obras públicas y de transporte desde mediados del siglo XIX en
adelante, etc., en estos y otros trabajos se solían aplicar grupos de
trabajo para determinadas tareas, buscando acelerar el ritmo, controlar
mejor, dividir a los trabajadores, etc. Otro tanto hay que decir de la
multidivisón en los contratos, en los puestos de trabajo, en los salarios.
Fueron las luchas sociales las que arrancaron las conquistas de la
contratación en grandes grupos laborales. Ha sido la lucha de clases la
que ha ido recomponiendo poco a poco, con derrotas y fracasos, todos los
destrozos causados por los sucesivos ataques burgueses.
- Esto misma
se comprueba analizando la capacidad de la clase trabajadora para
reconstruir nuevos espacios vivenciales en los que reorganizarse, pensar
las nuevas realidades, encontrar nuevas formas de lucha, y mejorarlas.
Cada fase de introducción de nuevas formas de explotación, con sus disciplinas,
espacios y lugares materiales, mundos simbólicos, etc., ha sido seguida de
una inicial pasividad obrera y popular, luego de una lenta recuperación de
las luchas y de exploraciones de nuevas formas de resistencia, para
terminar tomando la iniciativa en la medida de sus fuerzas.
- Actualmente,
el capitalismo mundial y especialmente el imperialista, se encuentra en
una fase de ascenso de la lucha de clases entre la humanidad trabajadora y
el capital. Falta mucho por aprender y por descubrir porque la burguesía
ha atacado con armas nuevas y también con viejas armas pero modernizadas.
Sin embargo, permanece la esencia del capitalismo, y el primer paso que
debemos andar es el de estudiar a fondo qué es el modo de producción
capitalista, cómo funciona en su interior y cómo es éste el que determina
sus formas externas, superficiales, de reaccionar. La ciencia consiste en
la capacidad de ver lo que hay debajo de la superficie, lo que se mueve
dentro de lo estático, lo que vive dentro de lo muerto. Tras este primer paso
que nos ha llevado a lo interno, a la esencia del problema, a sus
contradicciones irreconciliables, podemos ya estudiar la superficie, las
formas externas. En este sentido, y como ejemplo, es muy conveniente
releer ahora, en 2008, la imprescindible pero interesadamente olvidada
“Encuesta obrera” realizada por Marx en 1881, poco antes de su muerte. Su
estudio nos enseñará todo lo que ha cambiado el capitalismo pero,
especialmente, cómo sigue siendo el mismo monstruo pese a su edad, cómo ya
entonces estaban activos en lo básico todos los problemas que aquí hemos
analizado, y cómo han surgido otros nuevos. Pero lo fundamental es que
aprenderemos que el método usado por Marx sigue siendo válido en la
actualidad, el único válido.
IÑAKI GIL DE SAN VICENTE
EUSKAL HERRIA 11-IV-2008